Ferran Gallego: "La alternancia política se vive en España como una tragedia"

El historiador opina que en 30 años de democracia "no hemos extirpado elementos del autoritarismo, como votar siempre al gobernante"

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Gallego (dcha.) fue presentado por Luis Espada, catedrático de la Universidad de Vigo.
Gallego (dcha.) fue presentado por Luis Espada, catedrático de la Universidad de Vigo.  Rafa Estévez

RAfA LÓPEZ - VIGO
Ferran Gallego, profesor de Historia Contemporánea en la Universidad Autónoma de Barcelona, cuestionó ayer en el_Club FARO algunos de los mitos de la Transición española, que describió como resultado del conflicto político y no como fruto de la generosidad o de la voluntad democrática real de los continuadores del régimen franquista. Además, vinculó los errores cometidos entonces con las deficiencias de la democracia española que aún padecemos. "Continuamos teniendo una actitud de no ejercicio de la ciudadanía -denunció-. A lo mejor no es que nos falte madurar, sino que llevamos 30 años recorriendo un camino equivocado".
Gallego, que fue presentado por el catedrático Luis Espada, sostuvo que el consenso constitucional fue un punto de llegada después de una etapa muy conflictiva de movilizaciones y de negociaciones. "El acuerdo es resultado del conflicto. La democracia es la normalización del conflicto no violento", destacó.
Sin embargo, para el historiador catalán, la percepción de la sociedad y de la clase política no responde a lo que realmente ocurrió, y se cree que los acuerdos fueron fruto de la voluntad de consenso por parte del Rey y de Adolfo Suárez "de forma gratuita". Ese "mito de la transición" -que no equivale siempre a falsedad- se ha convertido en el mito fundacional de nuestra democracia, "un referente moral que inspira la cultura cívica".
Ello explicaría hechos como que el PP acuse al PSOE de "saltarse el consenso constitucional" al abordar el asunto de la memoria histórica; y que a su vez los socialistas desprecien las propuestas de los populares por haber perdido las elecciones. "La discrepancia se considera crispación política -argumentó Gallego-, los partidos se acusan mutuamente de estar fuera del marco democrático".
Estatuto catalán
El investigador, autor del libro "El mito de la Transición" y de varias obras sobre la extrema derecha, puso también como ejemplo de este déficit democrático el caso de Cataluña, donde reside: "Nadie puede decir que está en contra del Estatut sin que le acusen de estar en la extrema derecha. Y si afirmas que estás a favor del Estatut otros dicen que rompes la Constitución".
En este sentido manifestó que "la alternancia política se vive en España como una tragedia", y que -al contrario que en EE UU- se arrebata la legitimidad democrática al partido que pierde las elecciones, aunque coseche 11 millones de votos.
"Lo normal es que los gobiernos cambien, pero aquí no: quien gobierna [en La Moncloa] tiene 6 millones de votos asegurados", dijo el investigador, que citó a Giulio Andreotti para recordar que "el poder desgasta al que no lo tiene".
El investigador señaló que "la no alternancia política implica la identificación del territorio con el partido que gobierna en él". Así, a los diputados de CiU en el Congreso se les llamó oficialmente "Grupo Catalán". "En Andalucía la gente no se imagina una Junta en la que no gobierne el PSOE -subrayó-, y Pujol, que es muy inteligente, se retiró antes de perder las elecciones y tras 23 años al frente de la Generalitat".
Estas actitudes, según Ferran Gallego, se deben a que "no extirpamos ciertos elementos de autoritarismo, como votar a quien gobierna. El padre es el que tiene la razón simplemente por ser el padre. Continuamos teniendo una actitud de no ejercicio de la ciudadanía", lamentó.
Esta "cultura autoritaria" aún predominante daría como resultado "formas clientelares". Siempre según el historiador catalán, la "falta de madurez y de exigencia del ciudadano" permite hechos como que el director de la Biblioteca Nacional sea nombrado en función del partido que vota y no de sus méritos profesionales.
¨¿Nos encontramos ante la supremacía de la sociedad civil o ante un régimen en el que la clase política se ha blindado al control de la ciudadanía? ¿Las listas cerradas protegen al ciudadano o al partido político?", preguntó de forma retórica Ferran Gallego, que también denunció que las reclamaciones de poder local y autonómico han creado un sistema clientelar "neocaciquil".

"Suárez aprendió del fracaso de Fraga"
Durante la primera parte de su conferencia, Ferran Gallego desmontó algunos de los mitos sobre la Transición española, época -entre 1973 y 1977- que ha investigado de forma exhaustiva para escribir su último libro. Pese a lo que su propia memoria le indicaba, dicho periodo no fue, y así se lo iban demostrando los documentos históricos, un remanso en el que los políticos se reunían en la Castellana y en La Moncloa para buscar un consenso. "Llegar a eso costó Dios y ayuda -aseguró-. Si Suárez llegó a presidente es porque Fraga no fue capaz de mantener el nivel de consenso. Y si Suárez convocó elecciones es porque tenía enfrente 8 millones de votantes de la izquierda".
Según recordó el conferenciante, Adolfo Suárez afirmó no estar "dispuesto a tocar la legalidad" del régimen de Franco, en declaraciones recogidas por la periodista Pilar Urbano.
Gallego mostró su discrepancia con otra periodista especialista en la Transición, Victoria Prego, al defender que el primer presidente de la monarquía fue Arias Navarro y no Suárez: "La monarquía trató de colocar un primer proyecto, el de Fraga, de apertura, pero éste fue derribado por los incidentes de Vitoria, de Ferrol, las huelgas..." Para el historiador es cierto que "Fraga lo sabía todo pero no entendía nada, mientras que Suárez no sabía nada pero lo entendía todo. El catedrático fue superado por quien jamás sacó una oposición. Suárez aprendió del fracaso de Fraga para hacerse con el ritmo de la política".
Esta actitud pragmática de Suárez le impulsó, según Ferran Gallego, a "publicar un indulto y llamarlo amnistía", a transformar su gobierno en un partido, la UCD, para controlar la Transición; y a legalizar el Partido Comunista tras la matanza de los abogados laboralistas de Atocha: "El PCE sacó a 200.000 personas a la calle en Madrid. O los ametrallaba o los legalizaba, no podía ignorarlos".

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