Festival de Otoño

Monjes del Templo de Shaolin recrean la magia del kung-fú en Sutra

03.11.2008 | 13:13

Diecisiete jóvenes monjes guerreros del Templo de Shaolin en China, cuna del kung-fú, y otras tantas cajas de madera de gran tamaño protagonizan "Sutra", del coreógrafo belga Sidi Larbi Cherkaoui, que llega el próximo fin de semana al madrileño Festival de Otoño.

Las Naves del Matadero recibirán los días 7, 8 y 9 de noviembre este espectáculo, que con música de Szymon Brzóska, ofrece una mezcla de danza y artes marciales, y son las cajas, creadas por el escultor británico Antony Gormley, las que transportan al espectador a los paisajes con los que Sidi Larbi Cherkaoui se encontró en sus viajes a China.

En mayo de 2007, el coreógrafo belga, "cansado como artista y con la necesidad de salir de Europa", visitaba, por primera vez, el Templo de Shaolin, el hogar de monjes budistas desde el año 495 antes de Cristo, según explica a Efe el bailarín, que fue miembro de Les Ballets C. de la B.

Allí fue donde encontró la inspiración y vivió "una experiencia sensorial impredecible", además de ver realizado uno de sus "grandes sueños, compartir experiencias con un grupo personas entregadas al arte y a la espiritualidad".

Gran admirador de Bruce Lee y "su filosofía de vida, sobre todo porque era superficial y profundo a la vez, y por esos conocimientos de las artes marciales, de los que se puede decir que eran ancestrales, porque conocía la raíz", Sidi Larbi Cherkaoui trabajó durante varios viajes consecutivos con el maestro del templo y "gracias a la música de Brzóska y las cajas de Gormley" se ha podido crear un espectáculo en el que se "mezcla tradición y modernidad".

"Sutra", palabra que proviene del término pali "sutta", cuyo significado hace referencia a los sermones de Buda, fue estrenado el 27 de mayo en el Sadler's Wells de Londres.

Con este espectáculo, Cherkaoui, que ya estuvo el año pasado en el Festival de Otoño con "Zero degrees", muestra sobre el escenario a un grupo de monjes, junto a los que también baila, que mueven de un lado al otro varias cajas de madera del tamaño de un hombre, con las que crean camas, ataúdes, paredes, montañas, amaneceres, anocheceres y templos.

"Es como si jugásemos sobre el escenario con un Lego gigante", describe el coreógrafo. Todo ello va aderezado por la "música melancólica, cargada de emociones y alejada de esa parte matemática que tiene la música contemporánea", creada por Szymon Brzóska, con quien viajó en varias ocasiones a China.

"Los protagonistas son jóvenes monjes de 21 y 22 años, y un niño de poco más de diez años. Ellos ofrecen la tradición del arte marcial y yo les acerco a la danza contemporánea. Tienen una gran disciplina y eso es bueno, porque es un espectáculo agotador", comenta.

Para Sidi Larbi Cherkaoui, compartir estos meses con los monjes ha sido "una experiencia maravillosa; son jóvenes y sus viajes por el mundo les abren los ojos a otro tipo de vida, están felices de poder ver otras ciudades y mostrar su trabajo en China".

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