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El espíritu de enfermos mentales de Roma revive en un manicomio hecho museo

03.11.2008 | 18:10
Sala principal de Museo de la Mente de Roma donde se proyectan vídeos de antiguos enfermos mentales que pasaron por el manicomio y en la que está colgada la reproducción de los mensajes que uno de ellos escribía en las paredes. El Museo de la Mente es el nombre de este espacio que hace no mucho fue uno de los pabellones del hospital psiquiátrico Santa María de la Piedad de Roma, a las afueras de la capital, y que ahora, treinta años después del cierre de los manicomios, se reabre totalmente remodelado.
Sala principal de Museo de la Mente de Roma donde se proyectan vídeos de antiguos enfermos mentales que pasaron por el manicomio y en la que está colgada la reproducción de los mensajes que uno de ellos escribía en las paredes. El Museo de la Mente es el nombre de este espacio que hace no mucho fue uno de los pabellones del hospital psiquiátrico Santa María de la Piedad de Roma, a las afueras de la capital, y que ahora, treinta años después del cierre de los manicomios, se reabre totalmente remodelado.

Tantas veces abandonados en la reclusión de los psiquiátricos, el espíritu y la memoria de los enfermos mentales de Italia, que en 1978 se quedaron sin centros hospitalarios dedicados exclusivamente a ellos, reviven en un antiguo manicomio de Roma convertido ahora en museo.

El Museo de la Mente (Museo della Mente, en italiano) es el nombre de este espacio en uno de los pabellones del que fuera hospital psiquiátrico Santa María de la Piedad de Roma, a las afueras de la capital, y que ahora, treinta años después del cierre de los manicomios, se reabre totalmente remodelado.

"En este hospital las personas que venían eran abandonadas y es por eso que hemos querido recuperar su memoria", comenta a Efe Pompeo Martelli, director del centro y guía de los visitantes que acuden al Museo de la Mente para introducirse en este universo mental paralelo.

Y es que ya desde la entrada un panel con unos ojos inquietantes invitan a salir de la realidad para entrar en el recorrido de una exposición que pretende borrar los prejuicios de sus visitantes y que recrea las sensaciones que experimentaban estos enfermos en los antiguos psiquiátricos de Italia.

Precisamente el cierre de esos manicomios, que dejó a los enfermos mentales sin centros públicos específicos para su curación, ha originado cierta leyenda en la capital italiana sobre el vagar de los llamados "locos" por sus calles.

"Esto es una falsedad. Es obvio que Roma es una gran ciudad y, como todas, tiene problemas de atención para las personas más débiles. Hay mucha gente sin casa, pero no es que estén en la calle porque sean enfermos mentales. Son personas que vagabundean", explica Martelli.

Pantallas interactivas y cuartos sonoros, pero, sobre todo, objetos del antiguo psiquiátrico romano, son los atractivos de este museo, cuya imagen es el embudo que lleva en la cabeza el médico del cuadro "La extracción de la piedra de la locura" del pintor flamenco El Bosco, que se conserva en el Museo del Prado de Madrid.

El hecho de que el museo se encierre entre las cuatro paredes de uno de los pabellones del psiquiátrico ofrece aún mayor realismo a un espacio claustrofóbico en el que aún se puede ver un suelo erosionado por los pasos sin rumbo de los enfermos.

"Los pacientes no hacían nada aquí. Sólo deambulaban", apunta Martelli, quien explica con gran entusiasmo, parte por parte, los contenidos de este museo que fue abierto en 2000 bajo una forma menos dinámica y que ahora ha sido remodelado con las técnicas del grupo artístico milanés Studio Azzurro.

"No hay que olvidar que éste es el manicomio más antiguo de Italia. Su primera sede fue construida en 1548 en la (céntrica) plaza Colonna. Con la ampliación de la ciudad, lo desplazaron cerca del (río) Tíber, y posteriormente a este lugar", lejos de la parte turística de la ciudad eterna, apunta el director.

Poco queda, sin embargo, de la antigüedad del centro -los muebles de la antigua farmacia, alguna que otra cama de pacientes, un armario roído- en un museo en el que prima el concepto moderno de la interacción: así un cuarto en el que la percepción visual se distorsiona o una sala en la que se oyen voces sin sentido.

La modernidad devuelve a la vida la memoria de todos aquellos desgraciados que pasaron por éste y otros psiquiátricos de Italia y que se enfrentan a la realidad de la calle, la de un pueblo que, según Martelli, "se ha convertido en más egoísta con los años, menos solidario".

"Quien tiene problemas mentales ahora corre más peligro que quien los tenía en los (años) 70 o 80 (del siglo XX)", apunta el responsable del Museo de la Mente.

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