Literatura

Una versión atípica del polar francés

30.06.2008 | 18:50

El negro es el color del "polar", como llaman los franceses a la novela policiaca, pero Dominique Sylvain ha preferido iluminar el género con una ex comisaria socarrona devota de San Agustín y el vino y una americana loca por París, una "alquimia" que funciona muy bien y que ahora llega a España.

Sylvain quería que sus heroínas, Lola Jost e Ingrid Diesel, fueran mujeres fuertes, con carácter y diferentes, "que consiguieran resolver sus casos luchando, no por utilizar la seducción", ha revelado en una entrevista concedida a Efe con motivo de la presentación en España de "El pasadizo del deseo" (Suma), la primera de la serie.

Así, Lola es una mujer a la que queda un año para la jubilación, rechoncha, "de talla 52, aunque dependiendo de las marcas", y "recortada", aunque no tanto como el comisario que la sustituye, "un enano de jardín, con el culo tan bajo como las ideas", y con una sagacidad e ironía a prueba de bombas.

Su colega de aventuras es una americana musculosa, "de unos 35 años", que se dedica a dar masajes, "pero solo a quien le gusta", para costearse el capricho de vivir en París y "tan alternativa en sus costumbres como clara".

"Pensé que sería interesante que Ingrid fuera americana para subrayar las diferencias entre Estados Unidos y Francia, tanto lo bueno como lo malo. El dúo funciona y me permite crear situaciones cómicas", explica.

Ambas han protagonizado ya cuatro entregas que han sido traducidas a nueve idiomas, aunque no, "curiosamente", al inglés, un mercado que se resiste a la mezcla que ha cocinado Sylvain con los elementos clave, "pero intentando no caer en los estereotipos", del género policiaco y de la comedia.

"En realidad lo que me interesa es hablar de mi época y el 'polar' es una excusa para hacerlo. Lola e Ingrid no tienen ni la misma edad ni la misma sensibilidad pero tienen una relación de amistad que permite hablar de sentimientos a veces muy sutiles, que me deja escapar de las reglas policiacas e incluir algo propio", resume Sylvain.

La autora, una de las tres damas del "polar" francés, junto a Fred Vargas y Dominique Manotti, debutó en la literatura en 1995 con "Baka!" (idiota en japonés), un libro agotado y que va a reescribir "completamente" para volverlo a editar.

"Necesitaba cambiar de aires. Es bueno salir de lo que haces para tener perspectiva, y Lola e Ingrid tenían que descansar. Me gusta mucho lo que hago y siempre estoy abierta a todas las ideas. Soy una esponja a todos los estímulos. Luego me quedo con lo que me interesa, incluidas las críticas", afirma Sylvain, que reside en Tokio desde hace cinco años.

Para poder escribir tiene que viajar a Francia a "nutrirse" de ideas porque sus historias transcurren siempre en su país natal, "muy pegadas a la actualidad y a la realidad".

"Preparo mucho mis tramas antes de lanzarme a escribirlas. Tengo tendencia a dejar volar la imaginación y eso se traduce en un trabajo colosal para poderme concentrar sobre la historia, pero últimamente hago a mis héroes más realistas, de esa forma sus reacciones son más lógicas y todo encaja mejor", reconoce.

"El pasadizo del deseo" comienza con un "alunizaje" en una casa de cambios. Al mismo tiempo la camarera y novia del propietario del bistrot donde trabaja, descubre a una de sus compañeras de piso muerta con los pies cercenados.

Sylvain ha ambientado esta trama en el París de los pequeños restaurantes, de los inmigrantes y del afán diario por ganarse la vida y sobrevivir, "lo más difícil en todo el mundo", asegura quien empezó a escribir porque se fue a vivir a Japón -de 1994 a 1997- y se quedó en el paro.

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