Revolución cultural

Los chinos recuperan su cultura milenaria gracias a la gastronomía

24.06.2008 | 18:11

Los chinos están recuperando, a través de la gastronomía, su cultura milenaria, que Mao y su "revolución cultural" había denostado, según la periodista Andrea Rodés, corresponsal española en China que acaba de publicar "Por China con palillos".

En una entrevista concedida a EFE, Rodés señala que, aunque aparentemente no lo parezca, "España y China tienen muchos puntos en común: ambas culturas otorgan una gran importancia a la cocina y los alimentos".

Lejos de realizar una guía turística al uso, Rodés ha querido hacer "un libro periodístico", en el que "el lector descubre los restaurantes populares a los que va la gente normal, no los turistas, algunos de ellos bastante antros, y al mismo tiempo toma conciencia del desastre ecológico de las Tres Gargantas"
"Por China con palillos" (Ediciones Destino) se convierte de este modo en la suma de un "testimonio personal, crónica de actualidad, narración de viajes y reportaje sobre el cambio de un país".

El libro viene también a cubrir la ausencia de bibliografía sobre China en castellano, más allá de alguna guía turística o de contados libros de historia, algo que la propia autora pudo constatar cuando viajó al país asiático, "no por decisión propia, sino por razones laborales de mi compañero".

Para Rodés, "China es el gran desconocido del pasado y de ahora, y los españoles medios se quedan con los tópicos, la muralla, Tiannamen, Mao y los guerreros de terracota".

La gastronomía constituye para los chinos, a decir de la autora, "una especie de disfraz, para guardar las apariencias, algo que tiene mucho que ver con su forma de ser".

"Aderezan el pescado de tal manera que al final se pierde su sabor original, todo lo contrario de lo que sucede en el Mediterráneo, donde se busca la esencia de cada producto, sin demasiados subterfugios".

Esa cultura de la "apariencia" también se nota en las formas en la mesa: "no es de buena educación acabar todo lo que hay en el plato, por eso dejar parte del alimento es señal de que el huésped ha sido muy generoso. Lo contrario, acabar con todo es casi insultar al huésped, porque le estás diciendo que había poco en el plato".

En esa gastronomía tan particular, la cabeza del pescado, descubre Rodés, es el "summun de la cultura culinaria china, porque en ella el comensal descubre todas las texturas, desde la gelatinosa de los ojos a la más dura de las aletas".

Rodés también desmitifica ciertas creencias, pues "en todas partes no comen insectos, como en Pekín, donde este plato es visto con cierto asco" ni la carne de perro es un apetitoso bocado en todo el territorio, pues se come fundamentalmente en la zona fronteriza con Corea del Norte".

La autora no teme que la apertura a Occidente acabe con su propia gastronomía, pues, como ella dice, "los chinos están orgullosos de su cocina, y lo único que hacen es adaptar esa cultura del 'fastfood' a su propia idiosincracia, y de ahí las hamburguesas con tofu".

No cree Rodés que en Occidente comamos una comida china muy diferente de la original, aunque, matiza, "los sabores están adaptados y son menos picantes; no disponen de todas las verduras; y también depende mucho de la región original de los cocineros: En Barcelona predomina la cocina de Fujian -delante de Taiwán- mientras que en EEUU es más habitual la cocina de la zona de Cantón y Hong Kong, porque allí llegaron más emigrantes de esas regiones.

Ejercer el periodismo en un país oficialmente bajo el control de un poder comunista resulta "bastante complicado", incluso ahora que se han relajado algunas normas con vistas a los Juegos Olímpicos de Pekín y "oficialmente" se permite a todos los periodistas extranjeros con visado que puedan viajar por todo el país, algo que no se había cumplido en la práctica hasta el terremoto.

Rodés, que llegó a China procedente de Nueva York, donde trabajaba en museos y galerías, considera que el cambio no fue tan abrupto como se puede pensar.

"En el campo hay más pobreza, pero en las ciudades chinas el contraste ya no es tan grande, porque consumen, compran, salen a cenar, construyen casas y practican la corrupción inmobiliaria como nosotros".

De hecho, añade, los efectos del capitalismo salvaje son más extremados en China que en Nueva York.

Los contrastes son mayores en el aspecto personal, ya que en Asia, "el individuo no cuenta tanto, y por eso son tan pacientes y no se quejan nunca".

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