Teoría Política

Rafael de Águila: ´Los ideales son peligrosos cimientos de violencia´

11.06.2008 | 19:00

"Los ideales son peligrosos cimientos de violencia y, por nobles que sean, nos llevan a pagar un precio estremecedor", afirma Rafael del Aguila, especialista en Teoría Política, que en su ensayo "Crítica de las ideologías" ha explorado el vínculo que los une al horror y la crueldad.

En una entrevista con Efe, este catedrático de la Universidad Autónoma, autor de libros como "Sócrates furioso" o "La república de Maquiavelo", expresó hoy su convicción de que "los partidos basados en la fuerza los forman individuos débiles", porque "ser fuerte consiste en salir de los ideales, dudar ante los otros y abrirse a escuchar".

"Cuando tienes un ideal, tu vida cobra sentido y hasta crees que eres alguien -explica-, pero con esa idea en la cabeza quizás estés dispuesto a cualquier cosa, incluso a matar". "Mucha gente cree que teniendo un ideal tiene un eximente, cuando lo que tiene realmente es un agravante peligroso".

Su libro, editado por Taurus, nació a raíz de los atentados del 11 de marzo, cuando creyó que era necesario ahondar en el análisis de "la violencia idealista que tanto ha estremecido el siglo XX", pero su ensayo no es del todo pesimista y acaba con un capítulo esperanzador que titula "Políticas de mesura".

Del Águila indica que "quizás las creencias profundas ayuden a convivir con los actos horribles mejor que el descreimiento", y por eso propone un "escepticismo activo" en la vida y en la política, como medio para "disminuir el dolor, la humillación o la injusticia", en vez de creer que uno ha dado con la clave para remediarlos.

"Escuchar no sólo no es malo, ni de débiles, sino lo que puede generar un gran cambio en el mundo", asegura el catedrático frente a la creencia profunda -de líderes o de masas- en un ideal que da sentido, pero que "al concretarse sacrifica a la gente", cuando el objetivo de la política es "atender al cuidado concreto de los que viven con nosotros".

Del Águila se centra en tres grandes ideales del siglo XX: "la emancipación", sostenida por la izquierda desde los jacobinos a los comunistas; "la autenticidad", defendida por los nacionalistas, racistas o fundamentalistas, y "la democracia", invocada por imperialistas y neoconservadores.

"Que la política estadounidense ha cambiado el mundo a peor es un hecho en el que, más que la ambición de poder, se ha jugado sobre todo lo profundo de las creencias y los ideales de sus líderes", subraya.

Y recuerda que fue lo que los inquisidores hicieron con el cristianismo, los comunistas con el marxismo, los nacionalistas radicales con la búsqueda de autenticidad, los nazis con la utopía de una perfecta armonía racial, los etarras con la patria vasca y Al Qaeda con la religión islámica.

"Lo que unifica ideologías tan distintas no es aquello en lo que se cree, sino el modo (intransigente) de creer en ellas", constata, y así, con esa certeza, dice, "el genocidio, la tortura o los limbos jurídicos como Guantánamo.., todo se justifica cuando se hace en nombre de la democracia". "El desastre de Irak es un buen ejemplo de en lo que derivan esas creencias".

Del Águila también rechaza el retorno a un realismo que ha llevado a alianzas con dictadores y defiende una opción "alejada tanto del realismo plano como del idealismo salvaje": Una "política de mesura" que salga de toda posición todopoderosa.

"Evitar siempre el mal mayor", "temer las consecuencias de cualquier política emprendida", "no buscar fundamentos fuera de nosotros mismos" y "atender al cuidado de los seres humanos concretos" son, en este libro, premisas de la nueva perspectiva para la política.

Concluye que "el núcleo de las políticas de mesura es la voluntad de escuchar, no el asentimiento", y puntualiza que las convicciones también se pueden defender cuando son dudosas o cuando uno se permite ironizar sobre ellas.

Entre los autores que menciona están Albert Camus o Hanna Arendt, pero también pensadores como Richard Rorty, Judith Skhalar o Isaías Berlin "al que la derecha quiere hacer suyo -comenta-, cuando los autores importantes son complejos y tienen muchas lecturas".

Ahora, agradecido a sus médicos "por regalarme el tiempo y la calidad de vida necesarios para escribir este libro", prepara un nuevo ensayo que trata sobre los peligros del "pensamiento impecable".

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