Fernández Buey: "La utopía perdió su inocencia original pero no su vigencia"

 
Francisco Fernández Buey (izda.) fue presentado por el catedrárico de Filosofía Jorge Álvarez Yagüez.
Francisco Fernández Buey (izda.) fue presentado por el catedrárico de Filosofía Jorge Álvarez Yagüez.  Rafa Estévez
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El filósofo dijo en el Club FARO que en los últimos años se observa una vuelta del pensamiento utópico y lo entiende como camino hacia un horizonte siempre abierto

F. FRANCO / VIGO La utopía ha perdido la inocencia con que nació pero no su vigencia entre las gentes, particularmente las que no tienen nada. Utopía entendida como esperanza de cambio pero distinguiendo entre tener ilusiones y hacerse ilusiones o ser iluso". Eso fue una afirmación central de la charla que ayer dio en el Club FARO el filósofo Francisco Fernández Buey, tras ser presentado por el catedrático de Filosofía Jorge Álvarez Yagüez.
¿Es posible hoy la utopía? Ese fue precisamente el título de su conferencia, que comenzó por una respuesta matizada: "Si se hubiera hecho esta pregunta hace 10 o 15 años la mayoría de los pensadores hubieran respondido que ya se habían acabado tras la caída del Muro y la desaparición del llamado `socialismo existente´. Pero desde 2000 en adelante se podría responder que tal concepto ha vuelto a usarse especialmente entre los jóvenes y `resistententes´ que se relacionan con el movimiento de movimientos, es decir, el altermundista (mal llamado `contra la globalización´)".
O sea que según este filósofo, luchador comunista de vieja estirpe, profesor en la Universidad Pompeu Fabra y reputado teórico internacional en los ambientes altermundistas, hay un renacimiento de la utopía, hemos entrado en una etapa en que vuelve el pensamiento utópico. "Yo creo que los humanos -afirmó- no pueden vivir sin pensamiento utópico. Esos deseos, ensoñaciones en forma más o menos imaginativa son algo que se va reproponiendo a lo largo de la historioa, aunque cambien de nombre. Igual que Leopardi, yo pienso que no hay nada más humano que las ilusiones naturales y que la utopía, y en eso coincido con Ernst Bloch, es algo que se relaciona con la esperanza y es difícil pensar al ser humano sin ideales".
De las dudas
Fernández Buey hablaba de la utopía entendida en el sentido que la describió en el Foro de Porto Alegre Eduardo Galeano: como una línea del horizonte que se desplaza en la medida en que caminamos hacia ella pero que sirve fundamentalmente para una cosa, caminar hacia algo mejor, hacia un ideal más o menos verosímil.
Habló también Fernández Buey de los errores o debilidades que había sufrido la utopía y señaló como primera de ellas un exceso en la búsqueda de la perfección que ya se observa en autores que van desde Platón a Thomas Moore o Campanella. Otra, la limitación que tenemos los humanos para pronosticar futuros. "Hoy sabemos que las utopías pueden dar en lo contrario de lo que predicaban sus constructores", dijo. Y una tercera debilidad: "En la historia de las utopías se observa también un exceso de detalle en el dibujo de la sociedad futura que ya criticó Gramsci y que podemos hallar en teóricos como Fourier, que al leerlos se va ya la imposibilidad de realización".
¿Y qué ha aprendido el pensamiento utópico de la experiencia desde cuando ni siquiera existía la palabra que lo define? "La primera cosa -dijo- es que puede haber una perversión de los ideales, la conversión de la utopía en todo lo contrario de lo que era. La segunda es la perversión que también supone tratar de convertir la utopía en ciencia y ejemplo tuvimos con el paso del socialismo utópico al científico como único posible, y en lo que desembocó".
g F. Franco / VIGO
La utopía ha perdido la inocencia con que nació pero no su vigencia entre las gentes, particularmente las que no tienen nada. Utopía entendida como esperanza de cambio pero distinguiendo entre tener ilusiones y hacerse ilusiones o ser iluso". Eso fue una afirmación central de la charla que ayer dio en el Club FARO el filósofo Francisco Fernández Buey, tras ser presentado por el catedrático de Filosofía Jorge Álvarez Yagüez.
¿Es posible hoy la utopía? Ese fue precisamente el título de su conferencia, que comenzó por una respuesta matizada: "Si se hubiera hecho esta pregunta hace 10 o 15 años la mayoría de los pensadores hubieran respondido que ya se habían acabado tras la caída del Muro y la desaparición del llamado `socialismo existente´. Pero desde 2000 en adelante se podría responder que tal concepto ha vuelto a usarse especialmente entre los jóvenes y `resistententes´ que se relacionan con el movimiento de movimientos, es decir, el altermundista (mal llamado `contra la globalización´)".
O sea que según este filósofo, luchador comunista de vieja estirpe, profesor en la Universidad Pompeu Fabra y reputado teórico internacional en los ambientes altermundistas, hay un renacimiento de la utopía, hemos entrado en una etapa en que vuelve el pensamiento utópico. "Yo creo que los humanos -afirmó- no pueden vivir sin pensamiento utópico. Esos deseos, ensoñaciones en forma más o menos imaginativa son algo que se va reproponiendo a lo largo de la historioa, aunque cambien de nombre. Igual que Leopardi, yo pienso que no hay nada más humano que las ilusiones naturales y que la utopía, y en eso coincido con Ernst Bloch, es algo que se relaciona con la esperanza y es difícil pensar al ser humano sin ideales".
De las dudas
Fernández Buey hablaba de la utopía entendida en el sentido que la describió en el Foro de Porto Alegre Eduardo Galeano: como una línea del horizonte que se desplaza en la medida en que caminamos hacia ella pero que sirve fundamentalmente para una cosa, caminar hacia algo mejor, hacia un ideal más o menos verosímil.
Habló también Fernández Buey de los errores o debilidades que había sufrido la utopía y señaló como primera de ellas un exceso en la búsqueda de la perfección que ya se observa en autores que van desde Platón a Thomas Moore o Campanella. Otra, la limitación que tenemos los humanos para pronosticar futuros. "Hoy sabemos que las utopías pueden dar en lo contrario de lo que predicaban sus constructores", dijo. Y una tercera debilidad: "En la historia de las utopías se observa también un exceso de detalle en el dibujo de la sociedad futura que ya criticó Gramsci y que podemos hallar en teóricos como Fourier, que al leerlos se va ya la imposibilidad de realización".
¿Y qué ha aprendido el pensamiento utópico de la experiencia desde cuando ni siquiera existía la palabra que lo define? "La primera cosa -dijo- es que puede haber una perversión de los ideales, la conversión de la utopía en todo lo contrario de lo que era. La segunda es la perversión que también supone tratar de convertir la utopía en ciencia y ejemplo tuvimos con el paso del socialismo utópico al científico como único posible, y en lo que desembocó".
Otra cosa que aprendimos o debimos aprender de la experiencia anterior, más concretamente de los erores del siglo XX, es lo que Fernández Buey llama conciencia de la imperfección. "Por muy altos que sean nuestros ideales -explicó- debemos ser conscientes cuando soñamos una sociedad mejor lo que son los límites naturales, que los humanos somos imperfectos. Y también que es necesario pasar de la utopía abstracta a una más concreta. Aunque parezca una paradoja concretar un "no lugar", que es el sentido etimológico de la utopía.

Martín Pitillas, Nerea Nandín, Miguel Ucles y Jorge Durán // Javier Pitillas
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