LA PRESENCIA DE MUJERES COMO PROFESIONALES DEL VOLANTE ES CADA VEZ MÁS HABITUAL
 

Ellas toman la carretera

21.04.2008 | 08:35

Trabajos como camionero, taxista, repartidor o conductor de autobús eran hasta hace poco ocupaciones que diferenciaban a hombres y mujeres por su condición física. En los últimos años, las mujeres se han ido incorporando a estos trabajos y han demostrado que los pueden compaginar con su vida familiar. Victoria, Olga, Anna, Rosana y Silvia son un ejemplo de mujeres que semanalmente recorren miles de kilómetros y que en sus comienzos tuvieron que soportar risas y miradas por parte de sus compañeros.

Les gusta conducir y el trato con el público. Desde el primer día en que Victoria Fineiro, Olga Alonso, Anna Gabrielli, Rosana Costas y Silvia Pérez se subieron a un vehículo grande, antes conducido sólo por hombres, no quieren bajarse. "Las mujeres somos diferentes a los hombres, pero no por ello dejaremos de dedicarnos a esto", coinciden.

Históricamente, trabajos como camionero, taxista, repartidor o conductor de autobús diferenciaban las ocupaciones de hombres y mujeres por su condición física. Pero los tiempos han cambiado y las mujeres están demostrando que no son "el sexo débil". "Antes nos ponían muchas etiquetas como esta, pero después de haber demostrado que también servimos para este tipo de trabajos, ya nos consideran uno más", afirma Silvia Pérez, conductora de autobús.

Poco a poco se han ido incorporando a trabajos antes considerados "masculinos", como es la conducción. En Vigo trabajan 553 taxistas, de los que un 15 por ciento aproximadamente son mujeres. En el transporte urbano Vitrasa son 220 hombres frente a 18 mujeres. Aunque las empresas de transporte apuestan por las mujeres, en sus plantillas continúan siendo mayoritariamente hombres. Compaginar la vida laboral y familiar no es una tarea difícil para estas aventureras que recorren las carreteras gallegas.

Cambio de rumbo

A sus espaldas llevan miles de kilómetros y unos oficios pasados que nada tienen que ver con el de ahora. Victoria Fineiro dejó su trabajo de auxiliar de farmacia para conducir un trailer de 40 toneladas y recorrer al menos una vez a la semana con su marido la ruta Pontevedra-Valencia. Ya son cinco años mostrándole a los camioneros que "las mujeres también sabemos manejar vehículos pesados", explica. Al principio, sus compañeros se quedaban mirando "para comprobar si sabía aparcar o hacer maniobras con el camión", pero rápidamente "las señoras me aplaudían y los hombres se quedaban sorprendidos", argumenta.

No se arrepiente de la decisión tomada. "Un día mi marido me dijo: `¿Por qué no te vienes?´, y decidí sacarme el título de transporte", recuerda. "A mi familia no le resulta raro que me dedique a esto y a mis amigas les hace gracia tener una amiga camionera. Aquí no es habitual ver a mujeres con trailers, pero en la zona de Valencia, sí", añade.

Rosana Costas sirvió mesas en cafeterías y restaurantes durante 10 años. Lleva dos años y medio como repartidora, primero de periódicos y ahora de paquetería. "No hay muchas mujeres en este oficio porque se requiere mucha fuerza y aguante", afirma. "En este trabajo cada día es nuevo y hay gente que te sorprende, pero por el esfuerzo físico y el estrés que produce, seguiremos siendo pocas", reconoce.

La viguesa Silvia Pérez pertenece a la segunda generación de mujeres que entraron en el Ejército español. En 1993, con sólo 18 años, se sacó los permisos de conducción y se convirtió en la chófer de uno de los oficiales. "Empecé con camiones por Madrid y me gustó tanto que quise dedicarme a esto", declara.

El nacimiento de su hija fue uno de los motivos que la llevó a dejar el Ejército. Entonces, encontró una compañía de autobuses que apostó por ella y por 16 compañeras más. Ahora, con 33 años, ha viajado por toda Europa en servicios discrecionales y diariamente se encarga del transporte escolar y la línea interurbana Vigo-Redondela. "Lo mejor de este trabajo es la flexibilidad horaria", asegura.

Un ejemplo de conductora taxista es Olga Alonso, que también fue dependienta en una tienda de muebles, limpiadora y trabajadora en una conservera. A largo plazo le gustaría trabajar para el Estado, pero mientras "no me moveré del volante del taxi", garantiza. "Las mujeres comenzamos a conducir más tarde que los hombres, por eso aún no estamos igualados en número", expone.

En el transporte de la ciudad también está Anna Gabrielli, nacida en Suiza y residente desde hace 7 años en Vigo. Antes de convertirse en conductora de autobús urbano trabajó en una guardería, como auxiliar de administración, como comercial y como limpiadora. "Conducir autobuses es lo que realmente me gusta", asegura. "Estoy convencida de que llegaremos a ser tantos hombres como mujeres en este trabajo. Al menos vamos por buen camino", añade.

"No cometas nunca un error, porque se magnificará y se multiplicará por 50", sostiene la conductora de autobús Silvia Pérez. De hecho, estas mujeres reconocen que en boca de todos está el tópico `Mujer tenías que ser´. "Sientes impotencia cuando escuchas estas palabras por parte de los hombres. Siempre te encuentras con algún listo que te dice lo que tienes que hacer, pero ante algunos comentarios tienes que hacerte la sorda", añade esta viguesa.

"Los hombres siempre tienen en mente: `Como yo no lo hace nadie´, porque se ven más capacitados que nosotras, aunque no sea cierto", señala Olga Alonso.

Buena relación

Pese a ello, la relación que mantienen con sus compañeros es buena, aunque los temas de conversación giran en torno al trabajo.

Victoria, Olga, Anna, Rosana y Silvia consideran que para dedicarse a este trabajo hay que ser valientes, decididas y amantes de la carretera. Todas ellas coinciden al señalar que las mujeres son más prudentes y ágiles al volante y que la fuerza no lo es todo.

Cada vez son más mujeres en este trabajo y aseguran que "cualquiera de nosotros conduce igual de bien que los hombres en este tipo de trabajos".

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