Centenario

Cien años del nacimiento de Bette Davis, la mirada impenetrable de Hollywood

04.04.2008 | 12:55

Hay miradas que no se olvidan y la de Bette Davis, una de las mayores divas del celuloide, cumpliría 100 años este sábado. "Su carrera era lo más importante en su vida", desveló su hijo Michael Merrill, en una entrevista a Efe.

Ruth Elizabeth "Bette" Davis, ganadora de dos Óscar y reina absoluta de Hollywood en las décadas de 1930 y 1940, falleció hace 18 años en París, exactamente el 6 de octubre de 1989.

Recordada, entre otras cosas, por su difícil carácter, Merrill arroja luz sobre su forma de ser lejos de las pantallas.

"Su carrera era lo más importante en su vida, pero a pesar de ello, supo encontrar un equilibrio e hizo un gran trabajo también como madre", explicó a Efe desde Boston (Massachusetts).

Allí se ubica la Fundación Bette Davis, que él mismo preside y que ofrece becas a estudiantes de interpretación que hayan demostrado buscar la "excelencia".

Merrill, de 56 años, fue adoptado, a los tres días de su nacimiento, por la actriz. No le gusta hablar en público sobre su madre; de hecho, admite que sólo lo hace cuando llegan fechas muy señaladas y porque se siente en la obligación. Esta es, sin duda, una de esas ocasiones.

"Después de divorciarse de mi padre (Gary Merrill, cuarto y último esposo de Davis), seguí manteniendo una relación muy cercana con ambos hasta su muerte", dijo el tercero de los tres hijos de la actriz.

Según Merrill, Davis fue una madre "maravillosa", aunque su dedicación a la familia estuviera condicionada por su profesión.

"Obviamente, su papel de madre estaba limitado por su carrera", admitió Merrill. "Viajaba a menudo y se ausentaba entre tres a cinco meses cada vez que tenía que rodar o actuar en una obra de teatro".

Su familia siempre fue consciente de que aquella mujer, a quien no se le caían los anillos por cocinar, planchar, lavar la ropa y llevar a sus hijos a la escuela, pero que también trabajó durante seis décadas en la meca del cine, era en realidad una leyenda viva.

"Ella, al principio, no se daba cuenta del impacto de su éxito", rememoró Merrill.

"Sólo empezó a atisbarlo después de las disputas con los estudios por el sistema de contratos; ahí se dio cuenta de que se había convertido en un símbolo para las mujeres dentro de la profesión", dijo.

Su unión en 1932 con los estudios Warner Bros., con quienes rodó 52 películas, vivió momentos de gran tensión. Intentó romper ese contrato, convencida de que la compañía le ofrecía papeles que no estaban a su altura. El caso llegó a juicio y Davis perdió. El final de esa relación no se daría hasta 1949.

"Le preocupaba envejecer y no encontrar personajes adecuados; nunca hubiera sido la rubia tonta de la película, pero cada vez le resultaba más difícil encontrar buenos guiones y nunca se calló lo que pensaba, lo que le pudo afectar en su carrera", según Merrill.

"Todos saben que era una persona muy emocional. Eso se ve en sus interpretaciones. Esa intensidad la ponía también en su vida. Ella era tal cual, daba igual dónde estuviera. Cualquier cosa podía desembocar en un gran, gran problema", dijo entre risas.

Davis se ganó a pulso esa fama de problemática, que provocó constantes disputas con ejecutivos, directores y compañeros de rodaje, pero su hijo explica las razones de la intérprete.

"Era una perfeccionista", manifestó. "Si no le gustaba algo, lo decía. Nadie la callaba. Quería que todo lo que se hiciera a su alrededor fuera de la mejor manera posible".

Con motivo de la conmemoración del centenario del nacimiento de la actriz, la localidad de Lowell (Massachusetts), donde nació Davis, ha organizado un "tour" por sus calles y hasta un concurso de parecidos con la diva.

Warner Bros. edita una colección de siete DVD formada por siete de sus clásicos e incluso el servicio postal de EEUU ha publicado este año un sello especial que lleva impreso el rostro de la actriz.

Además varios canales de televisión emitirán durante el sábado algunas de sus cintas más populares, como "Cabin in the Cotton" ("Esclavos de la Tierra", 1932), en la que dejó para el recuerdo la frase: "Me encantaría besarte, pero me acabo de lavar el pelo".

Seguro que mantiene esa socarronería y nos observa desde el Olimpo de las reinas de la interpretación, desde donde da caladas al penúltimo cigarrillo, que en tantas ocasiones la acompañó en escena.

Como para que alguien le diga que está prohibido.

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