Conmemoraciones

La Filarmónica de Berlín celebra con Bruckner el centenario del genio que amó y odió

03.04.2008 | 11:44

La orquesta Filarmónica de Berlín celebrará el próximo día 5 el centenario del nacimiento de Herbert von Karajan con la V sinfonía de Anton Bruckner, obra de arquitectura musical poliédrica que evoca la relación de amor y odio que tuvo el maestro austríaco con Alemania, con Berlín y con los filarmónicos.

El concierto, que forma parte de una programación en recuerdo de Karajan, estará dirigido por Herbert Blomstedt y no por el titular de la Filarmónica, Simon Rattle, pese a que éste es un admirador declarado de Karajan, cuyo espíritu, dice el británico, "siento flotar en el camerino y me inspira cada noche de concierto".

Del genio musical -y comercial- de Karajan, director durante 34 años de la Filarmónica de Berlín, se ha dicho todo y en estos días de celebraciones, reedición de discos y biografías, la prensa alemana recortó elogios para indagar en la figura del maestro.

¿Quien era Karajan? ¿Hay sombras en su trayectoria profesional y humana? ¿Era perfeccionista o fanático?.

La biografía de Karajan arranca en Viena, pero su carrera como director comenzó en Alemania, concretamente en la ciudad bávara de Ulm, a la que trasladó en 1934 para cubrir una vacante de repetidor.

Tras Ulm vendría, un año mas tarde Aquisgrán y en 1937 la Staatsoper unter den Linden de Berlín, donde Karajan se hizo notar con su dirección de la ópera de Richard Wagner "Tristan und Isolde".

Según la prensa de la época, los elogios al prodigioso joven Karajan fueron captados por los radares del nacionalsocialismo, necesitado de una figura alternativa al desleal Wilhmen Furtwängler, director de la Filarmónica de Berlín y "fetiche" de Joseph Goebbles.

El mariscal Herman Göring asumió "la tutela" de Karajan y lo nombró maestro repetidor de la Staatsoper unter den Linden, desde donde el joven austríaco, afiliado al partido de Adolf Hitler, abrió un pulso de celos e intrigas con Furtwängler.

Las apariciones de Karajan en todo el país se hicieron cada vez más frecuentes, favorecido por el apoyo de Göring y la ausencia de los grandes directores alemanes enviados por los nazis al exilio, entre ellos Erich Kleiber, Fritz Bush y Otto Klemperer.

La negativa de Furtwängler a dirigir la IX sinfonía de Beethoven ante Hitler catapultó al siempre disponible Karajan. No es de extrañar que tras la Segunda Guerra Mundial, Karajan fuera convocado en dos ocasiones por los aliados, quien le castigaron con un año de inhabilitación profesional.

Karajan, que nunca quiso hablar de su pasado y relación con los nazis, aprovechó ese año de inhabilitación en Alemania para reforzar su presencia en el extranjero, hasta 1955, cuando tras la muerte de Furtwängler, es invitado por la Filarmónica a sucederle en el podio.

Fue el comienzo de una fructífera relación musical y comercial, un matrimonio perfecto que permitió a la Orquesta Filarmónica desarrollar su virtuosismo y a Karajan experimentar con el sonido en busca de nuevos equilibrios, armonía y belleza perfecta.

Hasta 1982, cuando la orquesta rechazó la propuesta de Karajan de de acoger a la joven clarinetista Sabine Meyer, negativa que éste interpretó como una falta de lealtad de la orquesta y prueba de que su autoridad y juicio artísticos eran cuestionados.

El caso "Sabine Meyer", que acabó siendo impuesta por Karajan -ésta sólo aguanto el fuego cruzado un año- produjo ríos de tinta y según los documentos de la época dañó de tal manera las relaciones entre los músicos y el director que la fascinación mutuas dieron paso al odio, la intriga y la venganza.

Karajan lanzó la primera piedra ausentándose del podio durante dos años, una provocación a la que la Filarmónica respondió revocando el contrato para la grabación de todas las sinfonías de Beethoven, un golpe bajo de consecuencias millonarias.

La crisis, que duró años, superó el límite de lo tolerable para la orquesta y para las autoridades locales después de que Karajan se negara a dirigir la Filarmónica en el concierto inaugural de las celebraciones de Berlín como ciudad cultural de Europa en 1988.

Un año más tarde, después de fracasar todos los intentos de conciliación, el maestro presentó su dimisión, un paso sin precedentes en la historia de la Orquesta Filarmónica de Berlín.

Un diario de la época se hizo eco de esa decisión con el título "Caída del Ayatollah", una muestra de la escasa simpatía que sentían los berlineses por el músico, que siempre vivió en un hotel y nunca permaneció en Berlín más de lo estrictamente necesario.

El 16 de julio de 1989, cinco meses después de su dimisión como titular de los filarmónicos, Karajan murió en su casa de Salzburgo a la edad de 81 años.

 
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