Israel

Cuando el agua pasa de largo

02.04.2008 | 13:43

Las tierras de los árabes de ciudadanía israelí en el valle del Batouf están partidas en dos por un ancho canal que lleva agua al desierto del Negev, pero que lo hace sin dejar ni una gota en sus campos y sí en los de sus vecinos judíos.

La inmensa mayoría de las tierras en este valle de la Baja Galilea, una estrecha y fértil franja de 17 kilómetros de largo por cuatro de ancho, está en manos de árabes que se quedaron aquí tras la creación en 1948 del Estado de Israel pero que, desde entonces, se sienten tratados como ciudadanos de segunda.

La vida diaria es cada vez más difícil para estos agricultores, que se dicen discriminados por el Gobierno israelí, al que acusan de no invertir en la zona y culpan de los dos grandes problemas que padece su región: la escasez de agua de regadío y las inundaciones que cada invierno destruyen las cosechas.

"En el año 1961 confiscaron montones de tierras a familias humildes para hacer el canal, pero ahora esas mismas familias no pueden utilizar ese agua para regar las tierras que les quedan", asegura a Efe Hissan Younis, ingeniero agrónomo de la localidad.

"Esto es como estar muy sediento y tener un vaso de agua cerca pero no poder tocarlo", dice el agricultor Turky Tarabiya, que explica que "el agua va del lago Tiberíades al desierto del Negev, pero es sólo para los agricultores judíos".

Según Younis, en todo su recorrido desde el norte al sur del país el acueducto, el principal de Israel, es subterráneo, y "sólo aquí está en la superficie, partiendo las tierras árabes en dos". A su paso por el Batouf, el canal tiene cerca de cien metros de ancho y está bajo control militar.

El granjero Kasin Yarbuni cuenta que empezó a trabajar la tierra en los años sesenta, "cuando aún no había ni tractores", y se queja de que las autoridades les venden el agua a 6,5 shekels (1,8 dólares/1,15 euros) por metro cúbico, mientras que los agricultores judíos pagan entre 0,8 y 1,8 shekels (0,22 y 0,50 dólares/0,14 y 0,32 euros).

"La estrategia aquí es: si soy judío, siempre gano. Si soy árabe, siempre pierdo", afirma, al tiempo que denuncia que "las tierras árabes nunca están incluidas en los planes de desarrollo del Ministerio de Agricultura de Israel".

Los árabes con ciudadanía israelí son alrededor de un millón y medio, un 20 por ciento de la población de Israel.

Aumni Zidane, director de la Sociedad para el Desarrollo Comunitario Ahali, indica que "los árabes están abandonando la agricultura para dedicarse a otra cosa porque les cierran el grifo.

En este país todavía se nos trata como enemigos".

En el Batouf el agua siempre falta o sobra; cada invierno el valle se inunda sin que los agricultores puedan hacer nada más que resignarse, puesto que este área no cuenta con sistemas de drenaje ni de almacenamiento de agua.

"Toda la tierra de Israel está drenada excepto esta zona y se debe sólo a que sus propietarios son árabes", dice Mustafá Natur, director de la Asociación de Agricultores del Valle de Batouf, para quien "es imprescindible que se construyan sistemas de irrigación que eviten las inundaciones y permitan el riego".

"Hemos propuesto hacer embalses, pero nos dicen que no podemos porque afectaría a los pájaros e insectos de la zona. Sencillamente, no quieren que esta gente viva aquí. Quieren que todos los árabes abandonen sus granjas y se vayan a otra parte", añade.

"La lucha entre judíos y árabes es la lucha por la tierra. Todos los judíos quieren que los árabes abandonen la tierra. Que sigan aquí trabajando, pero que no sean propietarios", explica Natur.

Kasin Yarbuni, que cultiva desde siempre sus tierras en este valle, señala que "vivimos aquí desde hace siglos y todas las generaciones cultivaron estas tierras y vivieron de la agricultura.

Desde que llegaron los israelíes tenemos enormes problemas de escasez de agua. Nos la venden muy cara y siguen confiscando nuestras tierras".

Pese a las dificultades, no duda de qué hará en un futuro y asegura: "No voy a irme a ningún otro lado. Me quedaré aquí. Mis hijos vivirán aquí y también lo harán mis nietos, mis bisnietos, y mis tataranietos".

En una esquina del valle se levanta el kibutz (cooperativa agrícola israelí) de Hasolelim, el único lugar de la zona pueden verse amplias cañerías y los modernos sistemas de riego con los que sueñan sus vecinos árabes.

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