R. Prieto / A CORUÑA
Con un discurso más comedido del que acostumbra a hacer, Fraga se reafirma en el motivo que dio para irse de Galicia tras 16 años en la Presidencia de la Xunta y trasladarse a Madrid para ocupar un escaño en el Senado: "Me fui para no estorbar. Ayudo en lo que puedo al partido, en Galicia y España". Pese a la prudencia en sus respuestas, Fraga contrapone la Galicia que él "dejó" a la qué está resultando del pacto entre socialistas y nacionalistas. Pero el ex jefe del Ejecutivo gallego no sólo cuestiona la gestión de sus sucesores en San Caetano, sino también el relevo de Aznar en La Moncloa. "González supo hacer del socialismo una versión al servicio de la España de entonces. Ahora estamos mirando hacia atrás", afirma.
-Últimamente casi no se le oye, y eso en usted ya es decir, que antes no paraba...
-En estos momentos tengo otras funciones. He vuelto de Galicia a Madrid y estoy ayudando en todo lo que puedo. Estoy en el Senado, un órgano que necesita una reforma para dar de sí todo lo que puede para un mejor funcionamiento de las instituciones. Yo lo que no hago nunca, ni he hecho en mi vida, es estorbar. Los años van pasando y se van incorporando nuevas generaciones. Yo no estorbo, ayudo en lo que puedo.
-¿En qué papeles anda metido? ¿En qué está trabajando?
-Por el Senado pasa mucha legislación. Estoy metido en un tema clásico y que estaba entre las cuatro propuestas del Gobierno actual, pero que finalmente no ha hecho nada: la reforma de la Cámara alta.
-Una de las últimas veces que lo vimos en público fue hace dos semanas en la presentación de Cuaderno de notas de una vida, un libro que recoge sus impresiones sobre personas, lugares, valores, instituciones y destinos. De Franco dice que tendrán que pasar al menos 50 años para ser valorado con rigor. Como ex ministro de Información entre 1962-1969, ¿qué juicio cree que tendrán de él los españoles dentro de medio siglo?
-Igual pasó con Napoleón. Al día siguiente de matarlo era un estropajo, pero cincuenta años después lo trajeron a París, es su héroe nacional y preside el Panteón de Hombres Ilustres. No digo que con Franco vaya a ocurrir lo mismo, sino que que las figuras de ese calibre no se pueden juzgar hasta pasado un cierto tiempo. Personalmente no quiero adelantarme a lo que ocurrirá entonces, pero teniendo en cuenta lo que fue nuestro siglo XIX y las dos Repúblicas, [el franquismo] ha sentado las bases para una España con más orden. De hecho, no hay más que comparar la España de hoy con la de los años treinta.
-¿España se está balcanizando y se corre el riesgo de romper la unidad?
-Desgraciadamente este es un problema universal en este momento. Ya ve cómo está Bélgica, lo que ha pasado en Kosovo, lo que fue de la antigua Yugoslavia... Actualmente, hay un replanteamiento de las unidades. Lo ha habido permanentemente en la Historia. Esperemos que España se libre. No sé si estamos en el camino, pero hay mucha gente que lo intenta.
-Mayor Oreja se negó a condenar el franquismo porque "forma parte de la historia". ¿Comparte la idea del ex ministro del Interior de que muchas familias vivieron aquella época con "extraordinaria naturalidad y normalidad" y que fue una etapa "de extraordinaria placidez"?
-Completamente. La Historia es la Historia y cada uno tiene que asumir la suya y procurar aprender de ella. Compare la etapa de Franco con los años 30. El diputado Calvo Sotelo, que haciendo uso de su libertad de palabra criticaba al Gobierno, fue asesinado en un coche de la policía por un capitán de la guardia civil de uniforme rodeado de guardias de asalto. Aquello no era vivir.
-Con la vista ya puesta en el presente, en el libro también analiza figuras como Aznar y Zapatero. ¿Cómo pasarán a la historia ambos presidentes del Gobierno?
-Ya veremos la Historia lo que hace. Desde luego creo que Aznar ha hecho un gran esfuerzo, que se ha notado por utilizar a los mejores hombres y las mejores fórmulas. Y en este momento, por el contrario, ha habido un intento de ir a contramarcha de la Historia. Todo esto de la Memoria Histórica, de utilizar fórmulas en un momento de crisis económica y echarle la culpa a las propinas, resulta de broma.
-¿Algún mérito verá en la gestión del Gobierno de Zapatero?
-Supongo que, como todo el mundo, algunas cosas se harán menos mal, pero en conjunto la gestión no es buena. Y sobre todo, tratar con los terroristas. Ellos mismos [los socialistas] reconocen que es un disparate.
-Pero, ¿algún error admitirá que Aznar ha cometido?
-Su error fue su honradez al anunciar antes de haber ganado las elecciones que no repetiría un tercer mandato. Debió hacerlo y no decirlo.
-¿Admite, como algunos dirigentes del PP ya han reconocido, que ir a Irak fue un error?
-Posiblemente se debería haber meditado más la intervención. Pero esa no es la cuestión. La cuestión es que España no podía estar aislada y tenía entonces una gran posibilidad de llegar un buen acuerdo con Estados Unidos. Lo increíble es que EEUU perdiera esa baza.
-¿Trata habitualmente con Aznar?
-Sí... Yo le he dado paso. No hace mucho que he estado cenando en su casa.
-¿Tenía más afinidad con la política desarrollada por el Ejecutivo de Felipe González que con el actual Gobierno?
-Por supuesto. Felipe González supo hacer del socialismo una versión puesta al día y al servicio de la España de entonces. En cambio, ahora, estamos mirando hacia atrás, no hacia delante.
-¿Cómo lleva haber perdido la Presidencia de la Xunta?
-Yo fui el más votado. No he sido el único en Galicia. Todo el mundo tiene que reconocer cuál era el estado de la Galicia qué encontré y cómo la dejé. Esperemos a ver la que queda después de todo esto. Desde luego yo he trabajado por mi tierra a pulso y seriamente.
-Tras más de dos años fuera de Galicia, ¿ve diferente a la tierra en la que gobernó durante 16 años?
-Desgraciadamente mi trabajo está ahora en Madrid y no voy mucho por Galicia. No más que en verano, además estando en pleno cambio climatológico... Prefiero no contestar. Desde luego, lo hecho, hecho está.
-¿Tan malo ha resultado, como auguraban los populares, el pacto PSdeG-BNG en Galicia?
-Eso no es un gobierno, es una suma de dos partidos que quieren pisar moqueta y que, en fin cuando uno se va de viaje, el otro se aprovecha. Eso no es lo que Galicia necesita.
-Baltar propone a Mariano Rajoy que si gana en las elecciones generales de marzo nombre a Alberto Núñez Feijóo ministro de Fomento para "foguearlo" antes de competir por la Xunta en 2009.
-Cada uno tiene sus propuestas. La política es eso. De lo que no hay duda es que Núñez Feijóo es un tipo de primera. Lo demostró por todos los cargos por los que ha pasado. Ha sido un gran acierto tenerlo ahí.
-¿Ya ha pensado que hará tras las elecciones de marzo?
-Yo tengo 85 años, al servicio de Galicia y de España. En esa situación tengo que estar. El Senado no es mal sitio para mí.
-El ambiente de crispación en la política gallega dista mucho del que se respira en Madrid, pero haberlo haylo. Uno de los temas que más ha enfrentado al Gobierno gallego y la oposición ha sido la Cidade da Cultura. ¿Quién es el responsable del encarecimiento del proyecto?
-La Cidade da Cultura es una de las obras más importantes para Galicia. Lo mismo pasó cuando se hizo el Escorial o Versalles. Todas las obras importantes cuestan dinero. Galicia desde los tiempos del gran arzobispo que hizo la catedral y desde los tiempos del Barroco no se ha hecho en Santiago una obra tan importante como esa, y que, creo, va a ser una promoción del arte y cultura gallega de la mayor trascendencia. Ese encarecimiento del proyecto ha pasado en todas las grandes obras. El museo más importante de París costó cinco veces más de lo que estaba presupuestado. Pero ahí está, al servicio de Francia.
-En su comparecencia coincidió con el presidente del PPdeG, Alberto Núñez Feijóo. ¿Qué trato tiene con los que fueron sus conselleiros? ¿Con quién habla más a menudo?
-A todos les envío papeles y sugestiones. Y luego me hacen una valoración. Con todos me mantengo perfectamente unido, como es natural. No tengo por qué hacer preferencias. Yo ayudo al partido, a Galicia y a España.
-El PSOE defiende restricciones en el voto emigrante. ¿Es usted partidario de limitar el voto a la diáspora?
-Me parece injusto, sobre todo, después de haber creado un embajador para la Emigración, cargo que no existe en Derecho diplomático. Soy hijo de emigrantes que se conocieron en Cuba, he recorrido toda América para tratar de ayudarles en todo lo que he podido. Me parece absolutamente injusto que se pretende vetar a quienes se fueron al extranjero a trabajar precisamente porque Galicia entonces no podía darles el empleo que necesitaban y que tanto han hecho después por su tierra. Mi padre volvió y le hicieron alcalde, el mejor alcalde que tuvo mi pueblo. No estoy de acuerdo en que se pongan restricciones. Sería injusto negarles el derecho de sufragio que han tenido siempre.
-La falta de consenso ha retrasado la aprobación del Estatuto gallego. ¿Para cuándo confía que esté aprobado por las Cortes Generales y qué aspectos expuestos durante la negociación no deben ser recogidos en el futuro texto autonómico?
-Ante los Estatutos hay que replantearse si son un instrumento para violar la Constitución, como sin duda ha ocurrido en algún caso, si son un instrumento para pelear viejas contiendas o si, por el contrario, son un sistema para reconocer la razón de que hoy esté cambiando la estructura del Estado. Hoy, se han multiplicado las funciones del Estado de tal manera con las administraciones que se crean todos los días y que son necesarias, que hay que hacer que de alguna manera se adapten a los distintos niveles y que haya una descentralización. Pero eso no es deshacer los Estados ni es ni mucho menos inventarse que uno de ellos sea un pequeño Estado. Es hacer sencillamente un Estado adaptado a los tiempos actuales.