Ágatha de Santos / VIGO
Contar una buena historia. Ésa fue la motivación que impulsó a Juan Galiñanes (Cambados, 1980), director del departamento de montaje de la productora gallega Dygra Films, a ponerse al frente de la dirección de "El bufón y la infanta", su primer cortometraje como director de animación. Su aventura no ha podido comenzar mejor, ya que tras traerse a casa un premio del festival del Ayuntamiento de Cádiz y de haber sido seleccionado para las secciones oficiales de los principales festivales de animación de España, ayer le llegaba la noticia de que la Academia de Cine había seleccionado este trabajo para competir en el apartado de Mejor Corto de Animación, algo que Galiñanes confesaba ayer por la tarde estar aún asimilando.
Dos cuadros de Velázquez inspiran esta historia, original de Amaia Ruiz, en la que el bufón enano de "Francisco de Lezcano. El niño de Vallecas" salta del lienzo que le alberga para conocer a la infanta Margarita, retratada en "Las Meninas". Ésta sigue las correrías del bufón por toda la sala del museo sin parar de reír, aunque no porque su desfachatez le haga gracia. En realidad, se burla de la fealdad del bufón, que terminará enseñando a la infanta una realidad que desconoce.
A pesar de que su título recuerda a los cuentos de toda la vida, "El bufón y la infanta" es en realidad una crítica contra los prejuicios sociales y las falsas apariencias, realizada a través de personajes de animación. Y todo ello, en sólo nueve minutos.
Pero los cortometrajes de animación tienen otro cometido además de narrar una historia. Éste formato sirve también para experimentar nuevas técnicas, que después se aplicarán a trabajos de gran formato. "Probar fórmulas nuevas en un largometraje es imposible porque su coste se dispararía", comenta Galiñanes, que ya sabe lo que es saborear un premio, ya que en 2005 obtuvo el Mestre Mateos por su trabajo como montador en "El sueño de una noche de San Juan", de Dygra Films.
Para Galiñanes, la nominación al Goya, además de significar un importante punto de partida para el lanzamiento internacional de este trabajo, supone un reconocimiento al talento gallego, algo que también agradece a la productora, que apostó por el proyecto. "Estar presentes en los Goya significa ir haciendo industria y permite dar a conocer a nuevos valores, algo que a los profesionales gallegos no nos resulta fácil", afirma el realizador cambadés.