A. RUBINOS / VIGO
Tras unos meses de cierta calma vuelve la tempestad a la familia de Manuel Dasilva, un vecino de la parroquia de Sampaio afectado por una sentencia que le obliga a derribar su vivienda unifamiliar. Tras la suspensión dictada el pasado mes de marzo y tras recibir un nuevo aviso de demolición en julio, que también fue demorado, su abogado le ha acaba de informar de que el juez notificó al Concello de Vigo a principios de mes la orden para ejecutar la demolición de tirar su casa en un plazo máximo de quince días hábiles, un periodo que está a punto de expirar por lo que los afectados esperan ver entrar las máquinas "en cualquier momento".
Manuel Dasilva, casado y con una hija, sigue sin comprender todo esto después de que el pasado marzo una providencia del Tribunal de lo Contencioso de Pontevedra dejara en suspenso la ejecución del fallo a la espera de un informe municipal que avalara la posibilidad de legalizar el inmueble con el Plan General de Ordenación Municipal (PGOM), un escrito que se remitió.
Explica que "el juez desestima si el PGOM legalizaría o no la casa porque dice que es sólo una hipótesis y que el plan no existe y por eso obliga a derribar la vivienda". Sin embargo, Manuel Dasilva no deja de preguntarse "por qué a nosotros, una familia humilde, nos obligan a tirar nuestra casa, que es la única que tenemos y que está hipotecada, mientras que hay otras sentencias de hace muchos años que no se ejecutan y, aunque no haya Plan General, no se van a tirar".
Por ello, está convencido de que "la justicia no es igual paralos ricos que para los pobres" y no oculta su "impotencia y desesperación porque nos quedamos en la calle". Lo único positivo que saca de este problema es la solidaridad de sus vecinos y amigos "que no hacen más que apoyarnos y ayudarnos en lo que pueden".
En cuanto al Concello, recuerda que la asociación vecinal solicitó una reunión con los responsables municipales. "A ver si pueden hacer algo, aunque tenemos poquitas esperanzas", dice Manuel. Mientras tanto, reconoce que toda su familia sufre "mucho estrés, pensando que las máquinas pueden entrar aquí cualquier día y dejarnos sin nada porque todo lo que tenemos está dentro. No tenemos donde llevarlo".