La primera inspección del Prestige fue todo un hito tecnológico. Hasta julio de 2003 jamás un robot submarino había operado a casi 4.000 metros de profundidad y demostrado además su maniobrabilidad. En ese dispositivo se sellaron once fugas en popa y cuatro en proa, utilizando diferentes métodos, como tapones, estachas, sacos de arena, resinas y espuma. Además, se comprobó que era posible extraer el fuel de las bodegas, aunque hubo que perfeccionar el diseño de las lanzaderas, los depósitos en los que subía a superficie el hidrocarburo.
Al año siguiente se desarrolló la operación de vaciado del petrolero. Con unas lanzaderas rígidas de aluminio se fue capaz de sacar del Prestige 13.600 toneladas de fuel. Para ello, hubo que realizar 51 ciclos completos, hasta que se cerró la operación dejando en el interior del buque unas 1.500 toneladas.
La tercera campaña acabó la madrugada del viernes, utilizando otros robots diferentes a los primeros. El coste total de las tres operaciones supera los 110 millones de euros.