X. A. Taboada / Santiago
El Consejo de Ministros aprobó ayer el acuerdo por el que se habilitan 7,242 millones de euros para financiar la operación de inspección submarina del Prestige, hundido en noviembre de 2002 a unos 260 kilómetros de la costa gallega y cuyos restos, partidos en dos piezas, descansan ahora a 3.800 metros de profundidad. Salvo cambios de última hora o causas de fuerza mayor, la expedición se realizará el próximo mes y su duración será de entre una y dos semanas, en función de las condiciones meteorológicas.
El Gobierno decidió organizar una misión submarina en marzo de este año, tras conocerse que desde el mes de marzo de 2006 restos de fuel seguían emanando del pecio. En principio, el Ejecutivo estimaba que la operación para calcular el volumen de las fugas de hidrocarburo del Prestige rondaría los 3 millones de euros, pero ahora, con el plan detallado, el gasto se eleva a algo más del doble.
De la inspección se encargará Repsol, empresa elegida por su capacidad técnica y por ser también la escogida para vaciar los tanques cargados de fuel del pecio en una operación sin precedentes en la historia por tener que hacerlo a 3.800 metros de profundidad. Pero el barco desde el que dirigirá la inmersión está en un misión en el Congo. No obstante, Vicepresidencia del Gobierno asegura que se mueve dentro de plazo y que tiene por delante el mes de septiembre para realizar la inspección del casco del buque.
El control del pecio para determinar el alcance real de las fugas y comprobar el estado de corrosión de los restos del petrolero se realizará mediante un robot submarino teledirigido, igual o similar al utilizado en su momento para extraer el fuel que todavía quedaba en las bodegas del buque tras su hundimiento. Los más de siete millones de euros liberados ayer por el Consejo de Ministros se entregarán al Instituto Español de Oceanografía, dependiente del Ministerio de Educación y Ciencia, que será ahora el encargado de cerrar el contrato con Repsol.
El hundimiento del petrolero en noviembre de 2002 no puso fin a la marea nea, ya que por las grietas de su casco seguía fluyendo fuel. Así que en 2004 el Gobierno encomendó a Repsol la misión de bajar donde el pecio y extraer el hidrocarburo que aún quedaba en sus bodegas. Pero la operación, en la que también se sellaron algunas de las grietas, nunca concluyó.
Repsol abandonó la zona del hundimiento del Prestige en octubre de 2004 dejando en el fondo del mar dos de la cinco lanzaderas utilizadas para extraer el fuel. Una de ellas estaba vacía, pero la otra casi llena. Además, de las 30 botellas cargadas con nutrientes para acelerar el desarrollo de las bacterias que degradan el fuel, 20 de ellas retornaron a puerto sin que se inyectara su contenido en las bodegas del petrolero. Con la operación dada por cerrada, el pecio albergaba todavía en su interior unas 1.500 toneladas de combustible.
El caso es que en marzo del pasado año se descubrió que el Prestige seguían vertiendo restos de hidrocarburo, a razón de unos 20 litros por días. Análisis realizados por el Oceanográfico de Vigo en octubre y noviembre del pasado año confirmaron que el hidrocarburo procedía del petrolero y, aunque se asegura que el vertido no entrañaba riesgo, sonaron las voces reclamando una inspección submarina.