MARTA FONTÁN / VIGO
Ni una gota de agua. Un grupo de vecinos de Pontecaldelas se afanaba ayer en apagar los múltiples focos de incendios que amenazaban con arrasar uno de los montes de este municipio pontevedrés con la única ayuda de ramas de eucaliptos y de sus útiles de labranza. No había más medios para controlar unas llamas que, en medio de la impotencia y la rabia, ganaban cada vez más terreno de superficie forestal en la zona de Xuntáns. "Vinieron los militares pero se fueron enseguida; y lo entendemos, porque, como los bomberos, tienen que ir a muchos otros sitios donde el fuego ya está al lado de las casas", relataba una vecina mientras arrojaba tierra encima de las llamas.
La situación que se vive en este monte de Pontecaldelas no es excepcional. Muchas personas ya comparan la oleada de incendios que está sufriendo Galicia con otra catástrofe ecológica: la del Prestige. Y si en aquella ocasión los voluntarios se desesperaban mientras no podían hacer otra cosa que arrancar el chapapote con las manos, en la que se vive en la actualidad muchos vecinos de los municipios afectados se ven obligados a luchar con los pocos y escasos medios que tienen a su alcance.
La única agua que llegó ayer a Xuntáns fue la embotellada que trajeron algunos vecinos para ofrecerle a los que durante horas trataban de combatir el fuego. Había niños, jóvenes y mayores. "Hace apenas un mes que me operaron de la mano y me duele, pero hay que ayudar", decía Nieves Franco, una mujer de 60 años. "Lo único que podemos hacer es golpear las llamas todo lo que podamos con estas ramas", añadió.
Además de la impotencia por la evidente escasez de medios, los vecinos que ayer estaban en Xuntáns no podían disimular su indignación y estupefacción al ver como en apenas una hora aparecieron tres enormes focos que cubrieron el monte de una nube asfixiante de humo. "Parece arte de magia, pero desgraciadamente no lo es; esto es muy raro, no sé como, de repente, puede aparecer así el fuego", comentaba una mujer a un grupo de personas.
Desolados por el daño que los incendios provocan en la superficie forestal, los vecinos confesaban que su gran preocupación es que las llamas no lleguen a las viviendas. "Hacemos turnos para que no haya ni un sólo minuto en que esto no esté vigilado; el miedo nos impide dormir desde hace días", concluyen.