X. A. T. - SANTIAGO
Su nombre era Manfred Gnadinger, pero fue conocido como el Alemán de Camelle o simplemente, Man (hombre). Vivió durante 22 años al pie del puerto en un refugio rudimentario levantado en contacto directo con el mar. A su alrededor fue creando un espacio artístico único con los restos que depositaban las mareas. Por únicas ropas usaba un taparrabos y no dejó más herencia, cuando falleció en diciembre de 2002 tras el accidente del Prestige, que el paraíso que edificó con sus manos.
Si su obra se puede calificar como arte o como Bien de Interés Cultura depende ahora de la decisión de la Xunta.
El Parlamento aprobó ayer por unanimidad instar al Gobierno gallego que realice antes de seis meses un estudio de catalogación de la obra de Man y que, posteriormente, analice la pertinencia de proteger su legado mediante la declaración como Bien de Interés Cultural (BIC).
La promotora de la iniciativa, la socialista Concepción Burgo, llamó la atención sobre el valor de este conjunto de esculturas, pinturas y escritos como "obra única en sus características" y su relación con el modelo artístico de "Land Art", además de servir como reclamo para el turismo en la zona.
En la misma línea, la nacionalista Ana Pontón se mostró de acuerdo en la "relevancia e importancia" de la obra de Man. Por su parte, la diputada popular Marisol Piñeiro se mostró también de acuerdo en proteger este legado, aunque con "pasos meditados y firmes" y recordó que para la inclusión como BIC es necesario hacer un estudio previo y una catalogación de los elementos.