F. FRANCO - VIGO
“Los últimos experimentos neurocientíficos que se han realizado muestran que la libertad que consideramos tan preciada quizás no sea otra cosa que una ficción más”. Con tal contundencia y sobre tema tan importante se manifestó ayer en el Club FARO Francisco J. Rubia, catedrático emérito de Fisiología de la Complutense en una charla cuyo tema era precisamente ese: cerebro y libertad.
Presentado por Juan Gómez, jefe del Servicio de Neurología del Hospital Xeral, en la base de su conferencia latía una idea nada común, radical en sus significados, que él sintetizó al final de su conferencia: estamos equivocados en la mayoría de las cosas que creemos de nosotros mismos, “Nos cuesta mucho trabajo cambiar de mentalidad –afirmó–, de paradigma, como ocurrió con la teoría geocéntrica según la cual el sol giraba alrededor de la Tierra, o con la que sostenía que la Tierra era plana, que hubo de esperar hasta el siglo XII para ser refutada y que se admitiese definitivamente en el mundo cristiano su redondez”.
Pero fue el concepto de libertad lo que ahora puso en cuestión Rubia, que hace poco publicó en Editorial Crítica “El fantasma de la libertad. Datos de la revolución neurocientífica”. Hoy este concepto de libertad, dijo, se discute en muchos lugares y esto se debe a un hecho fundamental en la historia de la investigación del sistema nervioso: la superación del dualismo. “Hoy –dijo– se estudian temas como la realidad exterior, la consciencia, el yo, la libertad y la espiritualidad con métodos científicos porque ya no se acepta esa antigua división entre un alma y un cuerpo que basó la filosofía occidental. Es decir, se considera que las funciones mentales no surgen de un alma sino que no son otra cosa que la actividad de las neuronas de nuestro cerebro”.
Autoengaño
“EL cerebro nos engaña” fue un libro escrito hace años por Rubia, en el que adelantaba ya que muchas veces pensamos cosas que no son ciertas pero las consideramos verdades inconmovibles y solemos llamarlas intuiciones, sentido común. impresiones subjetivas... Y ayer dedicó un tiempo a poner en cuestión la veracidad de las impresiones subjetivas. “La historia debería habernos enseñado –dijo– que muchas impresiones subjetivas que hemos tenido y sobre las que hemos sustentado supuestas grandes verdades eran falsas. Hablé de la idea de que la Tierra era plana o que el Sol giraba en torno a ella pero puedo citar otra impresión subjetiva muy anclada en nosotros y que está relacionada con la visión de los colores: la neurociencia ha demostrado que no existen, que son atribuciones de la corteza visual. Es decir, es falsa la impresión de que los colores están en la naturaleza”.
Aunque no lo dijo en la conferencia, estas afirmaciones forman parte de un “•corpus” más amplio dicho y escrito por Rubia y siempre en base a experimentos neurocientíficos, cuya esencia sería que hay una fina línea divisoria entre realidad y ficción; que vivimos atribuyendo vida a objetos inanimados o inventamos demonios y dioses en los que creemos, a los que adoramos, damos vida propia e independiente aunque los hayamos creado nosotros mismos.
Rubia relató esas experiencias neurocientíficas iniciadas hace muchos años y hoy constatadas con técnicas modernas de imagen cerebral que habían permitido concluir que la sensación de libertad de decisión era una ilusión. “El libre albedrío sería –comentó– otro engaño parecido a la impresión de que los colores existen; o la impresión de la existencia de un ‘yo’ para el que no existe ninguna base neurobiológica en el cerebro que lo pruebe”.
Otra afirmación suya, en coherencia con todo lo anterior: “La falta de libertad significa que estamos sometidos, como el resto del universo, a las leyes deterministas de la naturaleza, de la que forma parte el cerebro... Esto contradice lo que creemos verdades básicas; sin embargo, no nos llama la atención el hecho de que no tengamos ningún control consciente de lo que almacenamos en la memoria. Y a mi entender, la memoria es mucho más importante biológicamente que la libertad”.
Tomar decisiones, cosa del inconsciente
La tesis que expuso este académico tiene como uno de sus elementos que hemos subvalorado el inconsciente y asistimos hoy a una especie de resurgimiento del mismo a la vista de las numerosas funciones cerebrales que discurren sin la asistencia de la consciencia. “Sabemos que ese procesamiento inconsciente de la información tiene lugar –explicó– en funciones tan relevantes como el razonamiento, la memoria, el lenguaje, el reconocimiento de objetos y caras, así como las reacciones a amenazas externas que ponen en peligro la supervivencia”.
Lo que afirma Rubia es que existen muchas funciones importantes en nuestro cerebro que discurren de manera inconsciente. “Hay una percepción –dijo–, una memoria, una toma de decisiones, un reconocimiento semántico, un instinto moral, una gramática universal y muchas más funciones que se realizan de manera inconsciente. En resumen, la inmensa mayoría de los procesos cognoscitivos son inconscientes. Si esto es así, no nos debería llamar la atención que la toma de decisiones, algo que es fundamental para la supervivencia del individuo, sea una función inconsciente”.
Consecuencias
Dicho de otro modo, si las decisiones vienen tomadas por la actividad inconsciente del cerebro, no se puede considerar que la persona en cuestión actúe libremente. La libertad entendida como algo inexistente origina una discusión que en España apenas tiene incidencia según Rubia, pero que en otros países como Alemania o Estados Unidos es muy viva e intensa. “Piensen, por ejemplo, que en Alemania hay propuestas para modificar el código penal de acuerdo con estos nuevos acontecimientos, código que, como todos los códigos penales, está basado en el concepto de culpabilidad. Es un tema que tomar muy en serio.