MARÍA LÓPEZ
Por fin llegó el esperado sábado de Entroido. Pero este año los vigueses lo vivieron de un modo especial. Se volcaron más que nunca con los miembros de las comparsas que participaron en el desfile, un total de 27. Las agradables temperaturas y el cielo despejado contribuyeron a que miles de personas se congregasen en las calles más céntricas de la ciudad para disfrutar del “día grande” del Entroido.
Pequeños y mayores rompieron a carcajadas, sobre todo con los conjuntos en los que sus componentes se transformaron en actores por un día para intentar que la gente también participase en el jolgorio. La cenicienta no paraba de limpiar los zapatos de los niños que miraban anonadados una ola de luz y color. El Dios Momo y los diablos rojos abrieron la comitiva, que partió de Serafín Avendaño para continuar por Rosalía de Castro, Colón, Concepción Arenal, Montero Ríos y Cánovas del Castillo. El Muelle de Trasatlánticos fue la última parada.
Disfraces y carrozas tradicionales convivieron con otras más originales y burlescas. El plan Xeral volvió a protagonizar, un año más, una de las comparsas. “Os de fai dous anos” portaron cabezas cortadas de varios políticos, entre los que se encontraba el alcalde, Abel Caballero, quien no se libró de centralizar otra de las carrozas. Fue la de la asociación de vecinos del Casco Vello, “Os tarteiras”, de los más veteranos en este evento. “Cumplimos nuestro 30 aniversario”, dijo Fiz Axeitos, uno de los organizadores. Con monos de trabajo amarillos, andamios con ruedas, vallas y una excavadora, medio centenar de vecinos de la zona antigua de la ciudad hicieron un guiño a la humanización masiva de calles bajo el lema de “deshumanización”.
Hasta última hora
Algunas de las murgas eran muy numerosas, pero la que se llevó la palma fue “Fantasía Revolucionaria”, de la S.C.D. Atlántida de Matamá. Alrededor de un centenar de personas recrearon un episodio de la Revolución Francesa, con dos carrozas en las que se ponía fin al reinado absolutista. No faltaron Luis XVI y María Antonieta. Sin duda, este grupo se dejó la piel en la elaboración tanto de disfraces como de carrozas. “Trabajamos entre 3.000 y 4.000 horas durante cuatro meses y estuvimos hasta última hora con la confección de los trajes. Pero mereció la pena; los más pequeños hacen amigos y todos nos lo pasamos muy bien”, explicaba minutos antes de comenzar el desfile la responsable de la interminable comparsa, Chati González, mientras ultimaba los detalles.
Aparte de los temas históricos y burlescos, el desfile contó con la participación de otros muchos grupos que dejaron boquiabiertos a los asistentes, sobre todo las carrozas y disfraces más trabajados. Aparte de la Fantasía Revolucionaria, los atuendos de “Moito Tío Vivo”, de Travesía de Vigo, dejaban entrever una minuciosa labor detrás con grandes tiovivos sobre las cabezas de los miembros de la comparsa confeccionados a mano.
También hubo espacio para los más tradicionales, como la Comunidad de Moscas, formada por la Peña Freixo. Pequeños y mayores, con silbatos que simulaban el sonido que realizan estos insectos, se agolpaban a cada rato a un enorme excremento que servía de carroza.
Aunque la participación es lo que cuenta, todas las comparsas aspiran a obtener el primer premio, de 1.800 euros. La Asociación de Percusionistas e Tamborileiros Aperta desfiló por cuarto año consecutivo y en dos ocasiones sus cerca de sesenta componentes fueron galardonados como “los más festeiros”. Múltiples instrumentos de percusión sonando armónicamente y unos grandes gorros no dejaron indiferentes a los asistentes. Mientras “Bloco Samba Aperta” tocaban y bailaban en un ensayo previo al desfile, decenas de personas los rodearon para gozar de su espectáculo. Durante el recorrido, el éxito fue todavía mayor. “A ver si este año también nos da algún premio”, expresa Marce, un miembro del grupo.
La comitiva fue a buen paso hasta llegar a su ecuador, cuando los grupos se iban distanciando y los asistentes manifestaban su cansancio. “Qué lento”, se quejaba una niña, que se quedaba encandilada al paso de recreaciones de cuentos y películas, como la “Maldición de la Perla Negra”, de Redondela;“Los pitufos atómicos”, de Beade,:“los Picapiedra” o “Érase una vez”, conformada por los personajes de Peter Pan.
Otro grupo que llamó la atención fue “A cidade do Frío”, de Beirán, donde decenas de vigueses se “armaron” de anoraks y trineos, en los que también viajaban perros reales. El desfile se caracterizó por ser local. Sólo seis grupos eran de fuera de Vigo.