X. PORTO - OIA / MONFORTE
"Hoy, sin que sirva de precedente, no me puedo quedar a bailar". Por muchas críticas que le lleguen, el candidato nacionalista no piensa cambiar. Bailó durante la pasada legislatura, y lo hará en la próxima. Ya lo tiene dicho: "No soy un progre español al que le dan asco los viejos".
Y ayer incidió en la misma idea: "Yo lo paso bien con ustedes. ¿Qué pasa, que no puedo? Si alguno me critica es porque está celoso".
Anxo Quintana acudió a otro encuentro con mayores, 600 en un hotel de Oia, pero con una diferencia. "Todo el año son ustedes los que me piden a mí; hoy me toca pedirles el voto". El candidato Quintana insistió una y otra vez en su condición de candidato y no de vicepresidente, que no era el día de asumir compromisos. "No se fíen de las palabras, ni de las mías; fíense de los hechos". Y ahí Quintana cree que hay argumentos suficientes para apoyar al Bloque, con los 57 centros de día construidos, los dependientes valorados, el programa Xantar na Casa o el transporte adaptado.
Era en calidad de candidato, pero José Piñeiro, presidente de la Confederación Galega de Maiores, encargada de la organización del encuentro, hacía peticiones al Quintana vicepresidente: un centro más cómodo, lavandería, comida económica? en fin, más ayudas (como todos los sectores) para tener una vejez más activa.
Pero el encuentro no fue del agrado de Quintana, que al terminar lamentó que la gente mezclara "la cuestión institucional con la partidaria". Esta vez no hubo propaganda del BNG, ni sintonía de campaña (se apagó al poco de iniciarse). "No tenemos nada que ver con la organización ni con la financiación del acto", se defendía Quintana.
Y es que además hubo protestas de gente que llegó al acto engañada. Como Marina Figueroa, que se subió al autobús en Vigo pensando en pasar el día en Portugal, y se encontró con el candidato nacionalista a medio camino. Marina y otros 40 más (entre los que había votantes del Bloque, que se negaron a entrar en el salón del hotel para no sentirse utilizados). La propia Marina esperó la salida del candidato para exponerle sus quejas, y a Quintana no le quedó otra que aguantar el chaparrón. Eso sí, después de pedirles el apoyo para "la única fuerza propia de Galicia" y de pedir que no se ridiculice el voto de los mayores.