Como un pueblo fantasma, con los supermercados y muchos de los locales de hostelería cerrados a cal y canto. Ribadeo a oscuras. En el restaurante Pizzbur, en pleno centro de la localidad luguesa, aguantan el tirón con un generador y las luces de medio local apagadas. Hay que ahorrar porque no tienen ni idea de cuándo se restablecerá el suministro. "Nos hizo mucha gracia una señora mayor que vino a rogarnos si le vendíamos una botella de leche. ¡Y si se la calentábamos, claro!", cuenta una de las empleadas. Es una de las historias, curiosas algunas, otras de desesperación e inquietud, que se repiten por toda la comarca de A Mariña y por el resto del norte gallego, la zona cero del temporal más fuerte que azota la comunidad en los últimos veinticinco años.
La rutina se tropezó con el vendaval el viernes por la noche. En la pizzería ribadense tuvieron que suspender todas las entregas a domicilio por el peligro que corrían los motoristas. El viento soplaba ya a más de 100 kilómetros por hora. "A la gente que teníamos cenando les pusimos unas velas y ya no aceptamos más clientes -explica la trabajadora del bar-. El sábado, que ya teníamos generador, pudimos trabajar con cierta normalidad y sí notamos un aumento de los pedidos. Los establecimientos de alimentación estaban cerrados y todos los vecinos que funcionan con electricidad no podían comer".
Y la luz volvió ayer, 36 horas después. Muy poco a poco. "Desde las cuatro que la tenemos", afirma Azucena, encargada del restaurante Os Remos, en Burela, otro de los concellos del litoral lugués más afectados. Durante la mañana se las arreglaron con la cocina de gas para poder hacer café y algo de comida. Callos y sopa. "La gente nos llamaba para ver si dábamos comida", asegura. Pensaron en cerrar el sábado, pero el restaurante se llenó por un funeral que había en una iglesia cercana y decidieron seguir sirviendo. "De momento no hemos abierto los congeladores para que se mantengan fríos -dice-. A ver qué nos encontramos".
A la plantilla del Pepe Mesón, también en Burela, las últimas horas les recuerdan al famoso apagón que en la localidad vivieron durante un fin de año de 1996. "Desde entonces tenemos un generador", afirma una de las camareras. Pudieron atender la barra. Lo peor fue la caída de las reservas que tenían para habitaciones.
En Cervo no tenían tanta suerte. A primera hora de la tarde de ayer todavía seguían sin luz y con muchísimos problemas en las comunicaciones. "Es casi un milagro que podamos estar hablando por teléfono", asegura Alfonso Villares, alcalde de la localidad. "Nos dijeron que en un par de horas... A ver". El regidor acaba de salir del entierro de Lorenzo Martín Alonso, el sargento de Tráfico que perdió la vida el sábado tras caerle encima un árbol mientras regulaba la circulación para que pudieran trabajar los operarios municipales en un área recreativa muy afectada por el viento. Su hijo trabaja en el concello de Cervo, en Protección Civil. "Esta semana va a entrar en la Guardia Civil, como su padre. La familia está hecha polvo", narra Villares.
Preocupado por los posibles problemas que la falta de electricidad podría tener las bombas que garantizan el abastecimiento del agua, el alcalde de Cervo da por hecho que las pérdidas "van a ser muy grandes". Entre los negocios y los particulares. "Es que esto es un caos. Sin luz ni comunicaciones. Y ahora empieza a hacer frío. La gente no puede encender las estufas y el malestar va en aumento". Alfonso Villares es de los que se pregunta qué falló. "Evidentemente la fuerza del viento fue extraordinaria, nadie podía esperar que sucediera esto, pero seguro que a partir de ahora se pueden tomar medidas para garantizar que los daños en situaciones así sean tan graves".
Ni las míticas Torres Nazis de O Arneiro -levantadas por el ejército alemán en 1940 en la localidad luguesa de Cospeito- sobrevivieron a la embestida del viento. La Xunta y el Ministerio de Defensa pretendían restaurarlas. La estructura, de hecho, fue reforzada recientemente y un grupo de radioaficionados consiguieron activarlas de nuevo.
Los vientos huracanados de las últimas horas pasan factura en Muras, al norte de la provincia, muy cerca ya del límite con A Coruña. Las cosas no pintan bien. Sin luz, sin teléfono y en este cas, sin agua y con la previsión de que los problemas se prolonguen unos días más. Incluso, durante toda la semana.
Junto al litoral de Lugo, el otro epicentro de fenómeno de la ciclogénesis, el norte de A Coruña. En la comarca de Ortegal hablan de efectos "devastadores". Por eso, el alcalde de Ortigueira, Rafael Girón, convocará hoy una reunión urgente con los regidores de Mañón, Cariño y Cerdido para evaluar las consecuencias del vendaval y solicitar de forma conjunta la declaración de Zona Catastrófica. "El temporal ha provocado un auténtico desastre económico y la reparación costará muchos miles de euros", asegura. El mobiliario urbano de la localidad está "destrozado" y los jardines del casco urbano, "arrasados".
La vecina Cedeira se quedó sin luz y sin línea telefónica a las siete de la tarde del viernes. Hasta que la cobertura de los móviles se recuperó por la tarde, los vecinos acudía "en procesión" con sus coches a A Ribeira, a un kilómetro del pueblo, la única zona en la que se podía hablar. "Están poniendo grandes grupos electrógenos y poco a poco está volviendo la luz, pero hasta que llegue aquí?", comenta resignado Daniel Mera, en la aldea de Muruxás.
Más al sur, en Abegondo se repetía la misma situación, en algunos casos, también sin agua, ya que a algunas casas de la zona el abastecimiento se realiza con bombeo eléctrico. Otros pueblos de A Coruña, sin embargo, iban recuperando poco a poco la luz, como los habitantes de Callobre, en Miño, que pudieron volver a darle al interruptur el sábado por la noche, tras más de 24 horas sin suministro.
En el corazón de la Costa da Morte, en Malpica, las rachas por encima de los 100 kilómetros por hora protagonizaron otra noche de perros. "Al final del día me trasladé hasta A Coruña y me daba la sensación de que el coche iba a volar", cuenta Gabriela. "La lluvia y el viento formaban como remolinos en la carrera". Las calles, vacías. Los pocos que se atrevieron a salir a tomar algo se quedaron a oscuras, porque el servicio eléctrico volvió a caerse. Muy poco lucida quedó la celebración de la conocida fiesta de los matrimonios. "La orquesta estaba prácticamente sola en la plaza", dice esta joven vecina malpicana.
En la provincia de Pontevedra, el día de ayer se gastó en las labores para arreglar los innumerables desperfectos causados por el temporal. Árboles tirados en calles y carreteras, cubiertas por el suelo, problemas de desbordamientos de ríos... Dos familias de Nigrán no olvidarán fácilmente el temporal. Se quedaron incomunicadas después de que la lluvia creara una bolsa de agua en un muro. Con él se vino abajo un montón de bloques de cemento que una empresa constructora almacenaba en un lateral y bloquearon el camino.
En las zonas altas, el viento daba ayer paso a la nieve. Como en la comarca del Deza y en la montaña de Lugo y de Ourense.