JUAN CARLOS ÁLVAREZ / VIGO
La vida sonríe al Celta. Los vigueses viven un idílico comienzo del año en el que todo sale bien. Ayer acumularon ante el Sevilla Atlético su cuarta victoria consecutiva y el miércoles, si ganan al Murcia el partido pendiente, estarán en zona de ascenso e incluso podrían ser líderes si el Xerez falla en su compromiso de hoy Lo que hace un mes sólo habitaba en las cabezas más soñadoras de la ciudad ha pasado a convertirse en una posibilidad más que real. El equipo parece tocado ahora mismo por una varita mágica y los partidos, aunque sean jugados de forma tan infame como el de ayer, acaban cayendo de su lado. El colista le metió en problemas más que serios aprovechando en gran medida la ausencia de delanteros del grupo de Pepe Murcia (David estaba sancionado y Dinei se lesionó a los dos minutos). El Celta fue un equipo obtuso, torpe, mal colocado, aburrido y sin apenas recursos. Pero a falta de nueve minutos Michu apareció para sacarse un cabezazo prodigioso de la manga y poner a los vigueses definitivamente en la senda del ascenso.
Pepe Murcia solucionó con Maris la ausencia del sancionado David Rodríguez. No quiso renunciar al sistema con dos puntas que le había reportado buenos réditos en las últimas tres jornadas. Pero la alineación escondía otra interesante sorpresa: Borja Oubiña. El técnico cordobés -fiel exponente de la corriente de entrenadores que se toma las ruedas de prensa a chufla- había dicho que el mediocentro necesitaba ir entrando poco a poco en el equipo. Pues ayer le hizo titular para acompañar a Rosada en el eje del terreno del campo. Lo malo es que Oubiña aún no está para cambiar demasiadas cosas con su presencia porque el Celta mostró un inquietante encefalograma plano agravado por la falta de presencia en el ataque por culpa de la lesión de Dinei. El brasileño, que ha entrado negado en el nuevo año, se echó la mano a la espalda en el minuto dos y reclamó un cambio que el banquillo le negó constantemente hasta que diez minutos después se impuso la lógica y Ghilas ocupó su lugar. De repente el Ceta se encontró con un equipo que, como las últimas jornadas, pretendía ser muy directo, evitar las zonas de transición y poner la pelota en el área cuanto antes. Un verdadero dilate teniendo en cuenta que el único delantero, Maris, es de esa clase de jugador que escapa del área y que busca espacios por los costados. No tenía jugadores para hacer lo que pretendía, pero se empeñó en ello. Eso regaló una plácida primera parte al Sevilla Atlético, un equipo con gente de calidad como para manejar la pelota con cierta suficiencia ante la tímida presión de un Celta impreciso, desorganizado, incapaz de sacar provecho a las bandas y sin dientes en ataque para moder. Sólo en los últimos minutos y después de una primera parte dominada por los andaluces encontraron una clara ocasión a balón parado que Ghilas y Maris enviaron al limbo.
Al partido lo sacó del tedio en el arranque del segundo tiempo Dani Abalo que recogió un balón cerca de la línea de banda, entró como un cohete por la izquierda, sentó a tres defensas y dio un pase de gol a Maris que inexplicablemente el letón envió por encima del larguero cuando estaba a sólo dos metros de la portería y con el portero superado. Inexplicable. La jugada fue un adelanto de lo que sería la segunda parte, más bien del papel que tendría Dani Abalo, que facturó la mayoría de acciones mínimamente decentes que dejó un Celta cada vez más mediocre y que insistía en jugar como si Dinei aún estuviese en el campo.
Murcia meneó el banquillo para que saliese Michu y darle un poco de aire a Oubiña. Y sólo a diez minutos del final se le ocurrió dar entrada a Trashorras, el único del banquillo que tal vez podría aportar algo diferente, que podía cambiar un estilo que no conducía a ninguna parte. La entrada del de Rábade fue providencial. Convirtió una falta lejana en una ocasión de gol con un centro primoroso que Michu, con un cabezazo imponente, colocó junto a la escuadra derecha de la portería sevillana. El Celta volvía a sacar petróleo de un mal partido gracias a que ahora mismo el viento sopla a su favor y que no pierde la fe con facilidad.Hace un año bajaban la cabeza con facilidad y ahora mismo es como si estuviesen convencidos de que tarde o temprano llegará su momento. Con el Sevilla desbocado y sin defensa una contra culminada por Ghilas resolvió el partido. El miércoles, en Murcia, podrían verse en la zona de ascenso. A ver cómo gestionan esa situación.