MARÍA JOSÉ IGLESIAS
Anne Wintour, editora jefe de Vogue América, inspiradora del personaje interpretado por Meryl Streep en El diablo viste de Prada, encara el año de la crisis con un descenso a su infierno particular. Si en la película a la editora jefe le disputa el puesto la directora de la versión francesa de la revista, hace unos días The NewYork Post contaba exactamente lo mismo, pero en la vida real.
El trono deWintour en la biblia de la moda -así se conoce a Vogue América en el mundo- sería,según The Post,para Carine Roitfeld, directora de Vogue Francia,´fashionista´ por excelencia, la cara opuesta de la exquisita Anne.
El grupo editor de Vogue, que nació en 1892 en Nueva York, lo niega. La diablesa que desde hace 20 años traza los caminos de la moda cada vez que habla o escribe,ha quedado tocada. La periodista londinense, según el periódico The Guardian "alcaldesa no oficial" de Nueva York, tiene un ojo especial para descubrir talentos. John Galliano le debe su trabajo en Dior y Marc Jacobs o Karolina Kurkova,directamente la fama.
Wintour, de 59 años, comenzó trabajando en Harrods. Su padre tenía un periódico. Es la perfecta ´lady´. Sigue tendencias, aunque maquilladas por su propio estilo, clásico y muy europeo. Su melena ´bob´ -el mismo corte que lleva desde los 20 años- y sus gafas de sol son imitadas en medio mundo.
Ahora se la acusa de instalar a Vogue en la rutina. Lo cierto es que fue la primera en llevar a las celebridades a las portadas, hasta ese momento copadas por modelos, y a introducir asuntos serios no relacionados con ropa y complementos. Hoy a nadie le sorprende encontrar a una actriz o una aristócrata en la cubierta de una revista. Sus amigos son Óscar de la Renta, Ralph Laurent y su mujer, Carolina Herrera o Diane von Fustemberg. Uno de los pocos modistos españoles a los que ha dedicado elogios es Roberto Torretta, casado con Carmen Echevarría. Le encantó un vestido suyo color vino exhibido en Nueva York.
Censora implacable
A Wintour no le sirve cualquiera. Que se lo digan a la megaestrella Oprah Winfrey o a Hillary Clinton. A la primera sus kilos de más le impidieron estar en Vogue.A la próxima secretaria de Estado, sus rancios trajes de chaqueta, que Wintour detesta.
Cuando no cesaban los chascarrillos sobre si era la inspiradora del malvado personaje de Miranda, se presentó en el estreno de la película vestida de Prada de los pies a la cabeza. Gana 5 millones de dólares al año, tiene 50.000 asignados para ropa,un chófer y una suite en el hotel Ritz de París mientras asiste a la semana de la moda de la capital francesa.
En la penúltima temporada de la serie Sexo en NuevaYork, Wintour tiene su minuto de gloria. Cuando Carrie comienza a trabajar en Vogue como columnista, va borracha por la redacción y se tropieza con una mujer,y ella le dice a su jefe con grandes aspavientos: "Oh,por favor,no me digas que es Anna Wintour".