REDACCIÓN / SANTIAGO
No llega a ser como uno de los portaaviones norteamericanos presentes en todos los mares, pero incluso así tiene el mérito de tratarse del mayor buque de la Armada española y del mayor barco militar diseñado y construido por los astilleros gallegos de Navantia. Sus medidas hablan por sí solas: más de 230 metros de eslora (el equivalente al largo de más de dos campos de fútbol como el del Santiago Bernabéu), 32 de manga (ancho) y siete de calado, que es la profundidad mínima de agua que necesita para no encallar.
El Juan Carlos I es un buque monocasco construido en acero. Ha sido diseñado con el objetivo de posibilitar el transporte de Fuerzas de Infantería de Marina y del Ejército de Tierra y también puede servir como plataforma eventual para la aviación, así como la participación en tareas de ayuda humanitaria.
Entre las soluciones tecnológicas que aporta está el sistema re propulsión, totalmente eléctrico, con la energía producida por dos generadores diésel y una turbina de gas. Las dos hélices de que dispone son autodireccionables, por lo que no tiene timón. Asegura el Ministerio de Defensa que esta solución permite ahorrar más combustible y mejora a mismo tiempo su capacidad de maniobra.
El buque puede acomodar a una dotación de 243 personas, un Estado Mayor de 103 personas, una unidad aérea embarcada de 172 personas , un grupo naval de playa de 23 personas y 902 de fuerza embarcada.
Las más de 27.000 toneladas de desplazamiento a plena carga y los 19 nudos de velocidad máxima se compaginan en el Juan Carlos I con una autonomía para 30 días de navegación.
En su popa cuenta con un dique inundable que se puede llenar de agua a voluntad para facilitar la salida al exterior de las barcazas y lanchas que puede llevar en su interior.