02 de noviembre de 2016
El meollo

El estanque de los patos

02.11.2016 | 02:19
El estanque de los patos

El meollo de la cuestión está en discernir con buen tino si una cosa de tan poco calado, pero tan genuinamente pontevedresa como el estanque de los patos de Las Palmeras, podría recuperar mañana la impronta que gozó ayer, una vez ejecutada sin derramamiento de sangre la reparación anunciada, pero no detallada por el concejal Luís Bará.

La primera configuración más o menos completa de este parque central a finales de los años cuarenta constituyó una auténtica delicia en su sencillez medioambiental y en su modestia ornamental. Tenía lo justo para disfrutar del ocio y pasarlo en grande durante los meses estivales, tanto los niños como los mayores. Sobre todo, desde que instalaron más tarde junto a la estatua de Vincenti aquella fuente del chorrito de agua hacia arriba, que hizo furor entre la población infantil.

Dentro de aquel lugar que fue motivo de orgullo para los pontevedreses y de cita obligada para los visitantes, el estanque de los patos de Las Palmeras tenía un predicamento más que notable. Porque era el lugar en donde merendaban los niños más pequeños, tan entretenidos con las evoluciones de los patitos, contrapunto a la zona de agitación de los "bambanes" o columpios, en donde tomaban sus bocadillos los niños mayores bajo el cuidado de sus "muchachas".

Aquellos patos estaban muy bien alimentados porque sabían a que atenerse. En cuanto alguien se aproximaba al estanque, acudían raudos y seguros de que también ellos disfrutarían de su parte de manduca, a veces opípara porque incluía los restos de las meriendas de sus visitantes.

Y como olvidar las ranitas distribuidas a lo largo de todo el borde del estanque, que lanzaban con distinta fuerza sus chorros de agua por un sistema de retroalimentación permanente. Meter la mano allí para sentir la presión del agua era una tentación permanente, que derivaba en ingenua gamberrada cuando los niños jugaban a empaparse los unos a los otros.

En definitiva, aquel singular estanque contaba con vida propia dentro del conjunto de Las Palmeras; una función o un uso que perdió con la desaparición de los patos. A partir de entonces no solo cayó en un penoso olvido, sino también en un abandono doloso como antesala de su propia eliminación, que Luís Bará tendrá que clarificar.

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