JULIO SANTOS PENA - MARÍN
Cientos de personas participaron y presenciaron el desarrollo del acto del Enterro da Sardiña, oficialmente final del Entroido marinense, que salió, como manda la tradición, a las ocho en punto de la noche del Ateneo Santa Cecilia, entidad recuperadora y organizadora del acto desde hace más de cuarenta años intentando mantener en lo posible las señales de identidad del mismo.
Acierto pleno de las comparsas que en su deseo de participar en este triste final, en lugar de llegar con sus trajes de colores, como el año pasado, lo hicieron de negro y dentro de la comitiva, lo que engordó sustancialmente la cantidad de participantes reales en la misma luciendo crespones negros en sus estandartes.
No faltaron los cuernos que abren la comitiva ni los calderos de azufre, ni los estandartes de todas y cada una de las cofradías de cuanto pescado hay en el mar y la comitiva fue recorriendo en su primera parte las calles Jaime Janer, Bastarreche, Ejército y Marina y Plaza de España para, tras la celebración principal, encarar el puerto donde la sardiña fue asulagada un año más.
El público se concentró tanto en el momento de la salida como en la Plaza de España, donde se procedió a la lectura del sermón en el que este año se hizo alusión a los recortes, a Celulosas, a Urdangarín y a otros muchos temas de actualidad con las intercaladas invitaciones clásicas del ¡chorade! que fueron atendidas por el numeroso público presente.
El Bispo que durante todo el recorrido procedió a "biendecir" cosas y espallar las gotas de lo que lleva su "acólito" en un orinal, ya en el palco procedió a la lectura de la letanía, pieza centenaria que se mantiene tal cual la recuperó Eduardo Otero Molas en los años sesenta pero que tiene más de cien años de antigüedad.