S. R. - PONTEVEDRA
Tierras, hojas, conchas, piedras... Son materiales de la naturaleza que Basso trabaja, reinventa y llegado el caso incorpora a su pintura abstracta. Ésta se sumerje en alquitrán si se trata de representar el Prestige o se reparte en miles de hojas que representan la selva tropical, formando "ecosistemas artísticos" que han sido realizados y transportados desde distintos puntos del planeta en los que han sido creados y que desde ayer pueden contemplarse en el Sexto Edificio del Museo.
—¿Qué es Materialeza?
—Es un nombre que hace referencia a la conjunción de materia y naturaleza. La materia siempre ha sido una parte intrinseca de mi trabajo, es la expresión en la cual yo me muevo y con la cual yo pienso, y estos trabajos han sido realizados con una dependencia intrínseca de la naturaleza, por ejemplo los cuadros realizados en la época equinocial, de 1999 a 2002, han sido realizados en la selva tropical, se pintaban con hojas, se introducían dentro de los ríos, dentro de la vida tropical, para que la obra y el proceso creativo dependiesen de la humedad como un biosistema de la selva, es decir que el biosistema creativo de la obra fuese igual que el de la naturaleza.
—Pintaba en la naturaleza y la usaba como suministro de materiales...
—Si, pintaba en mitad de la selva, mi estudio estaba en la propia selva e iba buscando diferentes hojas, diferentes formas de hojas. Hice un décalogo de hojas como si fuese un trabajo botánico de 2.500 formas diferentes para introducirlas dentro de la pintura abstracta.
—El Prestige supuso una ruptura en esa linea de trabajo.
—Yo estaba haciendo ese cántico a la naturaleza y surgió en Galicia la catástrofe del Prestige y como todo artista gallego tuve que hacer como un grito de protesta sobre eso. Entonces embadurné esa naturaleza con todos los tóxicos que tenia el Prestige: pinté con azufre, con carbón, con alquitrán, quedaba una obra que le di un nombre, Leviatán, pensando en ese monstruo marino que a veces visita las costas.
—La exposición es un viaje a lo largo de diez series diferentes...
—Todas están inspiradas en diferentes puntos, de hecho a la entrada de la exposición se puede ver un mapa del planeta Tierra donde están puntuados los sitios en los cuales he trabajado, desde Zimbawe en África hasta Oriente Medio, Florida en Estados, la isla de Ons, en donde estuve trabajando tras el Prestige, y todo ese viaje se va haciendo a lo largo de los años y de los puntos geográficos y en ese periplo cada serie es un trabajo cerrado en donde se pueden ver las influencias de cada punto geográfico.
—¿Cuál es la última serie?
—Se llama Relieve Oceánico y está basado en las conchas, surge de una visita que hice a la isla Captiva en Florida, que es una isla que se crea con las tormentas tropicales de septiembre, los ciclones hacen que el mar empuje el fondo marino y se crea una capa como de cuatro metros de conchas, que es como se han creado, esos sedimentos s convierten en islas. Es el último trabajo que estoy realizando hasta ahora, toda la serie es de 2011.
—En estos 12 años han pasado hasta diez escenarios geográficos diferentes de su viaje creativo ¿lo que pervive después de este tiempo es el interés por la naturaleza?
—Pervive el viaje y ese afán porque sea la naturaleza la inspiradora de la obra y también parte creativa de la obra.
—¿Qué concluye de este periplo vital de más de una década que resume Materialeza?
—Con respecto a la naturaleza la conclusión es el maltrato, desde la industrialización el hombre se ha ido alejando de la naturaleza, ya las ciudades son una forma de habitar lejos de la naturaleza y se la considera como un enemigo, la antítesis de la humanidad, del pensamiento o de la cultura y en cambio yo lo que intento hacer es culturizar la naturaleza y naturalizar la cultura.