N. D. - PONTEVEDRA
La pieza se encontraba desde hace semanas depositada en un lateral de la avenida de Domingo Fontán, donde fue soldada, pintada y preparada para su montaje final. Ese día fue ayer. Los trabajos comenzaron bastante antes de las tres de la tarde. y reunieron a numerosos operarios. Tres enormes grúas (de 500, 300 y 200 toneladas de capacidad) se desplegaron junto a la estructura con el fin de depositarla en el agua. Fue la tarea más laboriosa y larga. Hasta las cuatro y media de la tarde no se procedió a la curiosa "botadura". Aunque el armazón podía flotar por si mismo, se añadieron cuatro grandes flotadores en sus costados como medida de precaución.
A partir de ahí, la maniobra transcurrió con más agilidad. No hubo gabarras ni barcazas, pero si dos lanchas fueraborda. Una arrastraba la pieza por delante, mientras otra la empujaba por detrás, aprovechando la marea alta a esa hora. En apenas diez minutos recorrió los cien metros que les separaban del puente y poco después de las 17.30 horas estaba todo listo para el minucioso izado, mediante cuatro gatos hidráulicos. Treinta minutos después estaba todo listo. La estructura del puente estaba completa. De inmediato un equipo de soldadores se metió en faena para unir y ensamblar todas las piezas.
La operación más llamativo duró 90 minutos, tiempo en el que las instalaciones del Club Naval acogieron a muchos de los invitados por el Concello a este "acto social". El presidente de Aempe, José María Corujo, y el de la Cámara, Antonio Gómez Rivera, acudieron a la cita, así como el teniente de alcalde, el socialista Antón Louro, y, por supuesto, Fernández Lores y el "cerebro" del viaducto, el edil de Infraestructuras César Mosquera. No hubo representación del PP, ni concejales ni el conselleiro Agustín Hernández, pese a ser invitados. Siempre han cuestionado esta obra.
Pero no solo el recinto náutico albergó a los curiosos. Decenas de ellos soportaron el frío y el viento helado en las dos orillas del río para ver la travesía de esta pieza de 120 toneladas.
Tras el montaje de ayer faltan unos cinco meses de trabajos, aunque, como recordó Mosquera "a partir de ahora comenzarán a verse los avances con mucha más nitidez". El siguiente paso más llamativo es el despliegue de los dos arcos de sustentación del tablero, una operación que aún debe aguardar a que se completen las estructuras laterales. Una vez colocados los arcos, se "tensará" el puente, que se elevará en su tramo central para formar una curva que dejará un gálibo hasta la superficie del río de 2,5 metros con la marea alta, similar al de O Burgo y suficiente para el paso de pequeñas embarcaciones y los piragüistas que entrenan en el río.