S. REGUEIRA - PONTEVEDRA
A diario, en poca cantidad y fermentados (vinos y cervezas a la cabeza) que sirven de complemento a largas horas de tertulia. Es el patrón mediterráneo de consumo, rápidamente sustituido en los últimos años por el modelo anglosajón, basado en destilados y combinados que se ingieren en grandes cantidades y en escaso espacio de tiempo, a lo sumo durante el fin de semana. El objetivo en este segundo caso no es acompañar la conversación, sino lograr cuanto antes la embriaguez mediante el atracón.
El Plan Municipal de Conductas Adictivas detectó este cambio de patrón de ocio entre los más jóvenes de la ciudad. Su responsable, Juan Luis González, alertaba recientemente tras la reunión mantenida con asociaciones como Alcohólicos Rehabilitados y Rexurdir de que la edad de inicio en el alcohol se sitúa actualmente en Pontevedra alrededor de los 13 o 14 años y que "hay un montón de jóvenes que tienen un consumo abusivo, hablo de adolescentes, y ese problema por desgracia lo veremos dentro de muy poco tiempo".
El ejemplo de los adultos, que transmiten el mensaje de que el alcohol es compañero del ocio (España figura entre los diez primeros consumidores del mundo por habitante y año); una sociedad que no promueve los mejores valores asociados a la juventud (por ejemplo la solidaridad, el estudio y el trabajo) mientras vende el éxito rápido y sin esfuerzo; o una mayor tolerancia familiar y social en los horarios y la disponibilidad del tiempo son algunos de los factores a los que apuntan los expertos para explicar fenómenos como el botellón.
Insisten en que el fenómeno no es nuevo (las anteriores generaciones también hicieron uso del alcohol en sus ritos de iniciación al mundo adulto) pero es diferente el patrón de consumo, la intensidad de la ingesta, lo mayoritario de la misma y las edades de iniciación.
Como resultado, un amplia mayoría de los adolescentes de Pontevedra (el 75,4%, según los últimos datos disponibles) ha probado el alcohol. En cuanto a la continuidad del consumo, uno de cada cuatro varones matriculados en cuarto curso de la ESO afirma beber cuando menos una vez a la semana, mientras que en las mujeres se sitúa en 1 de cada 6.
El 42,9% afirma beber en la calle, el parque o el botellódromo; otro 30,4% consume en bares, pubs, discotecas y fiestas y un 26,5% en casa.
Con amigos y/o familiares
La gran mayoría (un 71%) bebe con los amigos, pero también es significativo el porcentaje (25,4%) que lo hace en compañía de sus familiares.
Ellos empiezan a beber antes, pero ellas elevan de modo significativo sus niveles de consumo en torno a los 15 años.
Es una edad que también resulta crítica para los adolescentes varones ya que es cuando dan el salto de los consumos esporádicos a los de frecuencia semanal.
El Plan Municipal de Conductas Adictivas se encuentra actualmente en fase de recogida de datos para un estudio de los hábitos de ocio nocturnos de los jóvenes. Estima inicialmente que "los datos variarán muy poco de los que ya trabajamos, desgraciadamente este tipo de fenómenos relacionados con las drogodependencias evolucionan lentamente y solo podemos ver tendencias".
El objetivo del estudio no es solamente auditar los hábitos de los jóvenes a fin de detectar posibles variaciones en los patrones de consumo sino invitarlos a realizar propuestas para un ocio nocturno alternativo. "Necesitamos preguntarles qué podemos ofrecerles que les interese", explican los técnicos que a diario participan en programas de prevención con los jóvenes, "porque parece que a día de hoy casi la única opción que les damos como sociedad para el ocio es el consumo e ir a beber".