CARLOS GARCÍA - PONTEVEDRA
La Sección Segunda de la Audiencia Provincial de Pontevedra acaba de condenar a una pena de 12 años de prisión a Manuel Luis Coelho Dos Santos, un ciudadano portugués de 52 años de edad, como autor de dos delitos de abusos sexuales, uno de ellos continuado y con acceso carnal, cometidos contra su hijastra. Según la sentencia, los abusos comenzaron cuando la joven contaba con nueve años de edad y se mantuvieron hasta superada la veintena.
Según explica el fallo, el acusado contrajo matrimonio con la madre de la víctima en 1995, de tal forma que los tres iniciaron la convivencia en el domicilio familiar ubicado en Mondariz. La niña tenía 9 años y ya entonces comenzaron los tocamientos y le pedía que le se "bajase las bragas", situaciones que ocurrían "con frecuencia". Con motivo del nacimiento del hijo común del matrimonio la situación empeoró. Entonces la joven tenía 12 años y aprovechando la estancia de su madre en el Hospital el acusado la obligó a meterse en cama con él y, tras ponerle una "almohada sobre la cara, le mandó que se bajase el pantalón y las bragas y se masturbó sobre ella". "Desde ese momento, el acusado requería a la víctima tres o cuatro veces por semana para este tipo de encuentros. La joven temía que, si no hacía lo que le pedía, el acusado cumpliera sus amenazas de "hacerle algún mal no sólo a ella sino también a su madre y hermano".
A medida que se iba haciendo mayor, el acusado sometía a la joven "a un riguroso y constante control". "Hacía que la acompañase a todas partes, la llevaba a trabajar con él al campo, no la dejaba salir con amigos" y "si salía la seguía y vigilaba". Llegó hasta el punto de que, cuando la joven comenzó a trabajar en una cantina de Mondariz, el acusado permanecía esperándola en el trabajo desde que entraba por la mañana hasta la hora del cierre, incluso "recriminándole según con qué clientes hablaba".
Cuando la chica se fue a trabajar a Mallorca con 19 años, en octubre de 2005, el acusado la llamaba varias veces al día. Al regreso de la joven, dice la sentencia, el acusado intentó continuar con la misma situación. Encontrándose ambos en el garaje, le medio la mano por dentro del pantalón y la braga por lo que la joven se apartó llorando. En la creencia de que así desistiría de su actitud, decidió contarle que tenía novio, que lo había conocido en Mallorca y que había mantenido relaciones sexuales con él. Al escuchar estas palabras, "el acusado montó en cólera le dijo que le había defraudado" y la insultó, poniéndole al cuello una catana que tenía en el garaje.
Así, poco después, en diciembre de 2005, el acusado le dijo a la joven que "si te has abierto de piernas para otros vas a tener una sorpresa cuando vuelvas" y al regresar ese fin de semana a casa de estudiar fuera el acusado "se metió en su cama" y "mantuvo relaciones sexuales con ella con penetración vaginal" por vez primera. A partir de este momento las relaciones sexuales se repitieron todos los fines de semana mientras ella estudiaba en Vigo. Cuando terminó sus estudios y regresó a casa dice el fallo que pasaron a producirse hasta tres o cuatro veces por semana, hasta que en agosto de 2007 denunció los hechos con la ayuda de su novio.
El tribunal tuvo en cuenta a la hora de dictar sentencia el testimonio de la víctima que califican de "coherente" y que "impresionó de franqueza". Entre sollozos, la joven explicó en el juicio que su padrastro "me amenazó con matarnos a todos si hacía falta, tanto a mí como a mi madre y mi hermano, me tenía tan controlada que no podía ni salir sola a tirar la basura". Explicó que el pánico también la atenazó cuando supuestamente comenzó a mantener relaciones sexuales completas con ella: "al principio de las violaciones sí que me resistía, pero más tarde ya sabía lo que me iba a pasar y lo único que quería era que todo acabara cuanto antes".
El tribunal, al igual que hizo el Ministerio Fiscal, considera que no existe un delito de agresión sexual o violación del que se le acusaba inicialmente ya que no se acreditaron actos concretos de violencia para la consecución de las relaciones sexuales, pero sí que el acusado aprovechó la situación de superioridad como padrastro de la niña y sus frecuentes reacciones violentas para coartar la libertad de la víctima.
El acusado, que actualmente reside en Valença, deberá indemnizar a la joven con 70.000 euros.