F. MARTÍNEZ - PONTEVEDRA
"El doctor Filgueira me dio como mejor remedio a mi enfermedad que venda la casa y me vaya a vivir a otro sitio, pero ¿quién compra esto?, ¿quién quiere venir a vivir al infierno?". Así habla Consuelo Veiga Blanco, una vecina de Lourizán que "desde siempre" ha vivido a escasos cien metros del complejo industrial asentado en la zona. "Vivimos aquí porque nacimos aquí, es nuestra vida", explica.
Consuelo sufre desde hace años una obstrucción en la arteria pulmonar, que le dificulta la respiración y le causa "fatiga", como ella explica. Su vecindad con el complejo fabril también ha motivado que ninguno de sus cuatro hijos haya querido quedarse a vivir en la parroquia. "Cuando vienen a comer un día quieren irse pronto, porque no quieren tener a mis nietos mucho tiempo cerca de este infierno, y yo los comprendo", apunta Consuelo, que atribuye su dolencia respiratoria a las emisiones del complejo industrial. "Y no soy yo sola, muchos vecinos están enfermos o han muerto, pero la gente calla porque trabajan ahí o tienen algún familiar al que la fábrica le da de comer", razona esta mujer, que fue mariscadora y recuerda cuando al banco marisquero de Lourizán "venían a la faena en autobús desde Bueu, desde Vilargarcía, de todas partes; ahora no queda nada". Los médicos han aconsejado a Consuelo que salga a su huerta o a la aldea con mascarilla, una servidumbre que no está dispuesta a aceptar.
Igual de molesta con la fábrica se muestra su vecina María Teresa Longo Pintos "Maruja", para quien "Elnosa no hace nada bueno, todo lo que se puede decir es malo, la gente se muere de cáncer, el huerto se quema, lo árboles se secan...". Maruja vive en el lugar de A Sartán desde hace 73 años, cuarenta antes de que se levantase la fábrica de cloro. Su sobrina, que reside en la vivienda contigua, sufre problemas respiratorios, y aunque no pueden atribuirlos con total seguridad al complejo industrial, toda la familia sospecha que su dolencia es una consecuencia de la actividad fabril.
Su vecino Adrián González, que también sufre alergias, argumenta que en Lourizán hay enfermedades "como en todas partes", pero al margen de que se pueda constatar o no el origen de determinadas dolencias, para este joven "está claro que la fábrica contamina, solo hay que ver los efectos en los huertos. Deberían quitarla de ahí cuanto antes", sostiene este vecino.