B. MÁRQUEZ - PONTEVEDRA
Ayer se cumplían tres semanas desde su desaparición y "nada, no ha cambiado nada" reconocía ayer Isabel Martínez, la portavoz de la familia de Sonia Iglesias Eirín, la pontevedresa que falta de su domicilio de forma inexplicable desde el pasado 18 de agosto. La investigación policial no avanza, o por lo menos no al ritmo deseado, y poco a poco el desánimo gana terreno.
Familiares, compañeros de trabajo y amigos volvieron a sentir el apoyo incondicional de una ciudadanía (cientos de personas salieron de nuevo a la calle de nuevo) que vive como propia la ausencia de esta mujer de 38 años y madre de un niño de nueve, lo que les lleva a asumir que "Todos somos Sonia". Para todos ellos trasladaba Isabel Martínez palabras de agradecimiento de la familia Iglesias Eirín.
La manifestación de ayer, la tercera promovida por el entorno más cercano de Sonia desde el fatídico 18 de agosto, estuvo precedida por una marcha de los vecinos de Alejandro Iglesias y Maricarmen Eirín, los padres de la desaparecida, que partió desde la barriada de Monte Porreiro en donde viven para dirigirse a la plaza de A Ferrería y sumarse a la movilización central. Allí también estaban los vecinos del Campo da Torre, del barrio de San Roque, en donde reside Sonia, así como otros muchos pontevedreses que acudieron a arropar a la familia en estos difíciles momentos.
Las respuestas que, desde el primer día, reclaman la familia y los allegados de la desaparecida, y por extensión todos los pontevedreses, no llegan. ¿ Dónde está y qué le ha pasado?
Ambas incógnitas permanecen en el aire y aunque la familia sigue aferrada a una menguante esperanza de volver a verla, asisten con preocupación la retirada gradual de los efectivos de Protección Civil y de los especialistas en rastreos de la Policía Nacional.
Los voluntarios de Protección Civil sólo regresarán a las tareas de búsqueda para acciones puntuales y siempre bajo órdenes de la Policía. Los GEOS, por su parte, regresarán si en el curso de la investigación se hace necesaria su presencia.
La solidaridad ciudadana se visualizó ayer de nuevo en la concentración-manifestación que discurrió en un respetuoso y atronador silencio, sólo interrumpido en contadas ocasiones por los aplausos de los presentes. Sucedió al incorporarse los padres, hermana y cuñado de Sonia a la plaza de A Ferrería, cuando se paró la marcha ante la tienda en donde trabaja la desaparecida y al concluir la movilización tras unos cinco minutos de silencio rasgado por los lamentos y lloros de una madre que no encuentra consuelo.