DAVID GUIMAREY - PONTEVEDRA
Reyes, príncipes, princesas, nobles, doncellas, cortesanos, caballeros y trovadores compartieron con juglares, campesinos, mesoneros, bufones e incluso a algunos despistados que vestían de romanos y algún pequeño disfrazado de Spiderman, plato y mesa en ayer en el día grande de la XI Feira Franca. La ciudad volvió a verse inundada por la "marea medieval" de cada inicio de septiembre desde hace once años, en una nueva muestra del éxito de la fiesta más participativa. Los vecinos y visitantes sacaron a relucir ayer sus mejores galas, bien fueran de nobles señores o de simples mendigos. El casco antiguo fue el mejor aliado para que la recreación fuera casi exacta. Eso sí, gafas de sol, móviles y cámaras fotográficas eran de los pocas evidencias de que el siglo XV ya queda muy lejos.
Con el canto del gallo comenzó la actividad. El objetivo era que todo estuviera listo para las 11.30 horas. Y se logró. A esa hora el mercado medieval situado en la avenida de Santa María funcionaba a pleno rendimiento. Los puestos se sucedían unos tras otros. Encajes, anís, comino, mostaza, jengibre, y no se sabe cuantos tipos de tés diferentes, joyas artesanales, trabajos en cuero, pieles y cuernos, lienzos de paisajes de la ciudad; talleres de instrumentos musicales como panderetas, panderos y tambores, zuecos, juguetes, espadas, inciensos; y jabones artesanales, que, según el material de que estuvieran hechos, podían tratar las varices, el acné, las arrugas o hemorroides.
Similares problemas sanaban los ungüentos que en los jardines de Casto Sampedro el taller de medicina, en el que utilizaban aloe vera y hojas de higuera para curara todo el que pasase por ahí. En la plaza da Ferrería se arremolinaban los telleiros, redeiras, zoqueiros, cesteiros, oleiros, sombrereiras, un taller de caligrafía medieval y de elaboración de collares, un alpendre de aldea con sus arados y pollitos, un artesano de gaitas, una buceta y una dorna que llegaran al puerto de As Corbaceiras desde Poio, un canteiro, y, como no, un ferreiro.
La mañana discurrió con su bullicio habitual hasta que cerca de las 12.30 horas, el tintineo del cantero se enmudeció. Los silbidos de dos espadas acapararon la atención del gentío en la plaza da Verdura. Un caballero no dudó en empuñar una tizona para batirse en duelo con un "canalla" que pretendía a la dama del primero. El resultado del combate fue favorable al primero, eso sí con la ayuda de un amigo, que acudió en su ayuda en el momento en el que llegaron los refuerzos del "malo".
Buena falta hacían estos caballeros de la exhibición de esgrima antigua cuando a apenas unos minutos antes hicieron aparición unos dragones lanzallamas que escoltaban a los músicos y malabaristas en el transporte del vino.
Ya cuando los porquiños que se asaban en las comidas del casco antiguo iban teniendo un color más apetitoso, a eso de las 13.30 horas, comenzó una de las exhibiciones de cetrería en la avenida de Montero Ríos. Por suerte, ningún águila, halcón o lechuza resultó herido, sobre todo debido la buena puntería de los que probaron suerte en el tiro con arco, que estaban practicando en dianas justo al lado de donde se realizaron las muestras con las aves.
Empanadas, carnes y dulces, regados con agua, vino y licores típicos llenaron el estómago de las más de 7.000 personas que participaron en las comidas que se celebraron en todo el casco antiguo de la ciudad.
En la sobremesa se pudo disfrutar del torneo medieval en la plaza de toros. Para bajar la comida, se pudieron poner en práctica algunos de los pases de bailes aprendidos en la exhibición que el club Treboada realizó por la tarde en la plaza de España.