Las anécdotas más increíbles de la historia policial

Una de las funciones del libro, según el autor pontevedrés Eduardo Solla, "es humanizar la figura de los agentes"

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Eduardo Solla ante la Comisaría Provincial de Pontevedra.  // Rafa Vázquez
Eduardo Solla ante la Comisaría Provincial de Pontevedra. // Rafa Vázquez 

El Bargutillo y otras anécdotas policiales (Tenydea S.L., 2009) es el primer libro en España que se basa en la experiencia personal de 40 años en el servicio policial de historias y desventuras del propio escritor, Eduardo Solla. Este pontevedrés narra de forma cómica, a veces de manera tragicómica, las historias más singulares que recuerda, "el 80 por ciento me ocurrieron a mí, el resto me lo contaron". Todas las profesiones poseen un anecdotario en los anaqueles de las historias divertidas, como no podía ser de otra manera el gremio de las fuerzas del orden no iba a ser menos.

J.OSSORIO - PONTEVEDRA El próximo martes día 7 a las 20.30 horas se presenta en el antiguo Café Moderno de Pontevedra el primer libro en la historia literaria española de anécdotas sobre aventuras y desventuras policiales.
El autor, Eduardo Solla, un policía en activo cuenta que "son historias jocosas, de todo tipo, lo escribí sin pretensiones ni para ganar dinero". Es un libro sencillo de leer, según comenta el autor, que desgrana las mejores historias "dignas de ser mencionadas", ya que en los 40 años de servicio entre Catalunya, País Vasco, Madrid y S.C. de Tenerife le ocurrieron y le contaron cientos de historias divertidas.
La primera historia que abre el libro sirve también como título, "El Bargutillo y otras anécdotas policiales". Resulta casi inextricable explicar en unas líneas el significado de la palabra ´bargutillo´, pero en resumidas cuentas la palabra viene de una historia que sucedió en los años 70, cuando unos policías de paisano estaban realizando un servicio de vigilancia en una casa donde vivía un ladrón de joyas y piezas -como colecciones de monedas antiguas- que había sustraído en los museos de Sabadell y Terrasa. Para disimular, los policías se disfrazaron de mecánicos y estuvieron teatralizando el desmontaje de su propio coche. Los hechos ocurrieron en un pueblo cercano a Barcelona y unos vecinos que estaban observando el despiece del motor, atónitos al ver que la operación se prolongaba durante horas se acercaron y dijeron, "debe ser una grave avería ¿no?" a lo que el policía mimetizado de mecánico con el respectivo mono lleno de grasa respondió, "mire usted, es la rotura del ´bargutillo´ y no tenemos repuesto". Después a la evidente pregunta de "y ¿qué es un bargutillo?", los policías de camuflaje respondieron "es una pieza de madera que va engranada en el interior del motor". Es decir, que no tenían ni la más mínima idea sobre qué le podrían decir al paisano ya que todo era una treta para hacer tiempo y esperar que dicho ladrón de joyas pasase, entrase o saliese de su casa. La historia termina con el arresto del ladrón que mientras se lo llevaban comentó "así no vale, con disfraces no, me tendréis que dar otra oportunidad", a lo que se le respondió "y una mierda".
Según dice Solla, el 80 por ciento de las historias que cuenta las ha vivido en primera persona, y el otro 20 por ciento son cuestiones que ha escuchado de otros compañeros. "El objetivo no es otro que la sonrisa del lector, aunque también me gustaría que con estas historias se humanizase la figura del policía", cuenta el escritor. "Llevo 40 años de profesión y desde los 19 soy inspector, así que imagínense cuántas anécdotas alberga mi memoria".
De locos y dementes
Este pontevedrés cuenta unas 40 historias que engloban la idiosincrasia policial en diferentes temas que van desde asuntos de drogas, desalojos, historias de locos y un sin fin de aventuras.
Por ejemplo, la historia de un psiquiátrico donde los dementes parecían los pacientes y los pacientes dementes. U otra de locos, cuando un individuo entra a la Inspección de Guardia (donde se reciben las denuncias 24 horas al día) y le pregunta al inspector de servicio "¿qué desea?". El inspector, obviamente, le contesta que esa pregunta debería hacerla él que es el que recibe a las personas que quieren denunciar alguna circunstancia. El ´loco´ le responde que no, que el inspector le había llamado cuando "iba yo caminando por la calle y de pronto unas ondas electromagnéticas me llegan al cerebro que recibe una voz que decía –el Comisario te necesita, el Comisario te necesita, dirígete urgentemente a la Comisaría- y aquí estoy, ¿qué servicio me va a encomendar señor Comisario?".
También hay alguna tragicómica como la de un señor que se presenta en la Comisaría para ingresar en los calabozos porque no tiene donde dormir y comer. Al negarse el inspector de guardia, éste le responde "te vas a enterar". Horas más tarde llegó detenido a la comisaría por destrozos a unos coches con una vara metálica.
Cuando fue trasladado por la Guardia Civil a prisión, al encontrarse con el inspector que le había denegado la entrada a los calabozos, le dirigió una sonrisa maliciosa de soslayo diciéndole "lo he conseguido a pesar de tu oposición, gilipollas, si me hubieras metido en los calabozos no hubiera pasado nada".
Otra de las historias es la confusión de un atraco a un banco.
Al sonar en una jefatura de policía la alarma que tiene conectada con el banco, se les avisa a unos policías de paisano que se acerquen con la mayor celeridad posible. Los policías, vestidos de calle, portaban armas como un fusil ametrallador y una pistola preparada como ametralladora con culatín. Al entrar al banco, aunque observaron que no ocurría absolutamente nada en el interior, se identificaron como policías.
Los trabajadores, que no se creían que fueran policías, les indicaban dónde estaba el dinero como si ellos fueran unos atracadores. Después de la aclaración y darse cuenta de que todo había sido una confusión ya que el botón de alarma por atraco había sido conectado erróneamente por el personal de limpieza, se dispusieron a abandonar el banco con la sorpresa de que afuera estaban esperando varios dispositivos policiales, que aguardaban la salida de los falsos atracadores. Como estaban vestidos de paisanos y portaban armas, los policías no se atrevían a salir a la calle y tuvieron que llamar a la jefatura para aclarar el embrollo en el que estaban ya que los agentes que estaban apostados y uniformados fuera, no los conocían y aquello podía haber acabado en una ensalada de tiros, cuenta el escritor Eduardo Sánchez Solla.
El Vaquilla
En el libro también aparece historias del famoso delincuente ´El Vaquilla´, que robaba vehículos de alta cilindrada y se acercaba a los coches patrulla para provocar a los agente y así, disfrutar de una persecución y demostrar sus dotes en el manejo de los turismo que robaba.
En el libro está recogida una de esas historias en las que "El Vaquilla" se introduce en una calle sin salida. Cuando se da cuenta quiere retroceder pero es tarde, hay dos coches de policías cerrando la única posibilidad de escapatoria, entonces "El Vaquilla" logra poner el coche a dos ruedas apoyando el vehículo en la fachada de una casa y salir huyendo.
Cuando lean este libro, no esperen encontrarse como dice Eduardo Solla "a Alberto Vázquez Figueroa", ni falta que le hace. "El Bargutillo" y otras anécdotas policiales es un libro ameno, de consumición inmediata, divertido con historias largas escritas de forma corta, no más de dos páginas por historia que se leen en apenas tres minutos y medio, y que al leerlo, no da tiempo ni siquiera a que se atisbe la palabra aburrimiento, como dice el autor, "jocoso, un libro de viaje" que promete risas, entretenimiento y la función primaria del libro; evasión por unos instantes al mundo del anecdotario policial.

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