CARLOS GARCÍA - PONTEVEDRA
Agentes de la Policía Judicial de la Guardia Civil peinaron durante toda la tarde de ayer el monte aledaño al lugar en el que el viernes fue descubierto el cuerpo sin vida de Enrique Monteagudo Caldas, más conocido como "Lucho", con evidentes síntomas de haber sufrido una muerte violenta.
Aunque la investigación sigue desarrollándose con total hermetismo debido al secreto de sumario decretado por la juez de Caldas de Reis, los agentes están rastreando palmo por palmo el monte para dar con el arma o las armas que fueron utilizadas para acabar con la vida de este joven de Moraña de 29 años de edad.
Para llevar a cabo esta tarea, la Guardia Civil solicitó la ayuda de operarios del Concello de Cuntis así como de efectivos de Medio Rural que comenzaron a realizar labores de desbroce en toda la zona sobre las cuatro de la tarde. Hasta entonces, los agentes de la Policía Científica se habían retirado del lugar de los hechos quedando custodiado en todo momento el lugar por agentes del Instituto Armado.
Al parecer, los investigadores todavía no sabían con exactitud cuál pudo ser el tipo de arma blanca –se especulaba con la posibilidad de un cuchillo o incluso un punzón– empleada por los agresores de Enrique Monteagudo, por lo que decidieron esperar a que durante la mañana de ayer los expertos del Instituto de Medicina Legal de Galicia finalizasen la autopsia para tener más datos. Una vez finalizado el examen forense, los agentes volvieron al lugar de los hechos y peinaron la zona durante toda la tarde. Sobre las siete dieron por concluido su trabajo, en principio, sin dar todos los frutos esperados ya que las labores de búsqueda continuarán durante la jornada de hoy. De hecho, el escenario del crimen quedó de nuevo precintado y bajo la custodia de dos agentes del Instituto Armado.
Mientras tanto, las pesquisas continúan con entrevistas y visitas a los conocidos de Enrique Monteagudo en Moraña, aunque, al parecer, las sospechas de la Guardia Civil no situarían a los supuestos agresores de este joven en su localidad natal.
Por el momento, al cierre de esta edición todavía no se habían producido detenciones en relación a este caso.
La principal hipótesis que se sigue barajando es que detrás del crimen se encuentra un asuntos de drogas al menudeo. No en vano, el lugar en el que apareció el cadáver es señalado por los vecinos como un punto de "trapicheo" de droga a pequeña escala.
Los investigadores se plantean la posibilidad de que a Enrique Monteagudo Caldas lo hubieran citado en esa apartada zona del monte y le tendieran una trampa tras la cual se produjo el altercado.
Fue un pescador quien realizó el macabro hallazgo sobre las ocho de la mañana del viernes. Primero observó su moto que mostraba síntomas de haber sufrido un accidente. Estaba en una curva cerrada de una pista que baja hacia un bar abandonado en la orilla del río, en la cola del embalse del Umia. Luego observó que unos metros más adelante se encontraba el cuerpo de una persona que aparentemente estaba muerta. Los servicios médicos lo confirmaron y la Guardia Civil enseguida constató que no se trataba de un accidente de tráfico sino de una muerte violenta.
Al parecer, había señales en la zona que hacían indicar que el cuerpo fue arrastrado unos metros por el suelo en dirección al río pero que finalmente fue abandonado por sus agresores, como si no les diese tiempo a acabar de ocultarlo.
En un primer examen se detectó al menos dos heridas de arma blanca en el cuello, una de ellas en forma de corte, así como dos fuertes golpes en la zona de la cabeza que supusieron la rotura del cráneo. Cuando lo descubrieron, el cadáver podría llevar ya en la zona desde la noche anterior.