S. REGUEIRA - PONTEVEDRA
Vicente Ferrer fue una persona extraordinaria: nació en Barcelona y fue reclutado en la guerra civil con la "quinta del biberón". Tras su paso por un campo de concentración en Betanzos acudió al seminario de Navarra y posteriormente a La India, en donde vio la miseria y puso en marcha, ya en los primeros días, una "brigada nocturna" que robaba comida en las lujosas instalaciones de los jesuitas para entregársela a los pobres. Volvió a España a principios de la década de los sesenta, participó en un famoso programa de radio y logró recaudar 20 millones que la Iglesia reclamaba como suyos, pero que él se negó a entregar aduciendo que eran para los miserables de la tierra.
En adelante, Vicente Ferrer se desvincularía de la Iglesia y dedicaría a los más pobres todos sus esfuerzos; no se rindió ni cuando lo echaron de La India ni después cuando lo obligaron a trabajar en la zona más desfavorecida, Anantapur. Allí consolidó su leyenda en base a un ingente trabajo cuyas cifras son abrumadoras: miles de viviendas, plantación de millones de árboles, construcción de hospitales, escuelas, fábricas de prótesis...
Esta ingente labor y, especialmente, sus destinatarios (niños, mujeres, enfermos, abandonados en general...) son los protagonistas de la exposición inaugurada ayer en el centro social Caixanova con las imágenes de la fotógrafa Yolanda Ferrer.
Madrina de dos niños, Yolanda Ferrer (que a pesar de la coincidencia del apellido no es familiar del ex jesuita ya fallecido) viajó durante dos semanas a La India con un discreto equipo con el que retrató las viviendas recién inauguradas, las escuelas o los centros para niños ciegos y sordos, condenados al olvido (ni siquiera les ponen nombre) en el seno de familias sin recursos para subsistir y que ahora aprenden braille y un oficio.
Cuarenta y seis imágenes van recorriendo momentos especiales en la vida de estas personas: las abuelas aprendiendo a lavar a sus nietos mientras sus hijas descansan tras el parto (un privilegio del que ellas mismas no disfrutaron jamás), las embarazadas esperando en la consulta, las jóvenes recogiendo grano...
Dos mil pueblos se benefician de estos programas y entre todos los planes de la Fundación Vicente Ferrer (www.fundacionvicenteferrer.org) tal vez el desarrollado con las mujeres haya sido el que más revolucionó Anantapur: "Ellas, que no eran nada", recuerda Yolanda Ferrer, "son hoy las que dirigen el poblado y la sanidad, por ejemplo una mujer de cada pueblo se encarga de la medicina general".
Pozos, siembras, escuelas (que han posibilitado que Anantapur sea la zona india con menos analfabetismo) son otras de las paradas de esta exposición que, sobre todo, habla de lucha, de generosidad y de esperanza.
Y es que si algo sorprende en la muestra es la sonrisa de los protagonistas: muchos de ellos ni siquiera son tocados por sus compatriotas, ya que pertenecen a la casta de los intocables y se asombran si alguien les da un beso o les agarra la mano. Responden con una infinita alegría y generosidad, como esa madre que entrega a la fotógrafa sus pocos dátiles: "En la pobreza más extrema", escribió Vicente Ferrer, "he encontrado la mayor riqueza".