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El Circo-Teatro que divirtió a Pontevedra

Un libro de Paulino Aparicio relata la "historia olvidada" del principal motor cultural de la ciudad entre 1900 y 1924

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Una de las pocas imágenes de la época que muestran el edificio, tras el Palacio Provincial.  // Rep. R.V.
Una de las pocas imágenes de la época que muestran el edificio, tras el Palacio Provincial. // Rep. R.V. 

Los pontevedreses de comienzos del siglo XX pudieron ver a famosos artistas como María Guerrero o Fernando Díaz de Mendoza, grandes compañías teatrales como la de Carmen Cobeña o la de Amadeo Granieri, o estrenos de espectaculares producciones de Hollywood como "Quo Vadis", gracias al Circo-Teatro, una sala de espectáculos construida en madera, en lo que hoy son los Jardines de Vicenti. Aquel edificio "provisional" llegó a convertirse entre los años 1900 y 1924 en el principal centro de ocio y cultura de la capital. Un libro de Paulino Aparicio narra su historia.

F. MARTÍNEZ - PONTEVEDRA Muchos pontevedreses, al menos los que no alcanzan los noventa años de edad, ignoran que la ciudad tuvo un Circo-Teatro estable. Un edificio de madera, poco más que un barracón, que durante las dos primeras décadas del siglo XX llegó a ser el principal centro de ocio y de cultura de la ciudad.
El Circo-Teatro se levantó, no sin polémica, en lo que en 1900 era el Campo de la Feria, hoy Jardines de Vicenti. Aquella sala de espectáculos se edificó con cierto rechazo social, por ocupar lo que entonces era el principal espacio público de la ciudad, porque el inmueble no cumplía los cánones estéticos de principios de siglo y también porque otros influyentes empresarios del mundo del espectáculo, principalmente los propietarios de la plaza de toros, se oponían a tal competencia.
La concesión de este recinto por un período de 25 años y un precio de 25 pesetas anuales, a los promotores de la empresa Moisés González Besada, Albino Patiño y Ramón Dios, contó con el voto en contra de tres concejales de la corporación municipal del año 1900. Pero pese a todos los obstáculos el Circo-Teatro llegó a levantarse y pudo ofrecer espectáculos, cine, un local de baile e incluso un recinto para celebrar mítines a los pontevedreses de los las dos primeras décadas del siglo pasado.
En abril de 1924 se echó definitivamente el telón. Estaba a punto de concluir la concesión, el edificio provisional aquejaba ya el paso del tiempo y las costumbres de entretenimiento de la gente comenzaban a cambiar.
Pero antes de esa fecha la única competencia que tuvo el Circo-Teatro era el salón del Liceo Casino, que en 1906 pasó a denominarse Teatro Principal, además de la propia plaza de toros.
Grandes compañías
La historia y las historias de esta sala de espectáculos se recogen en el libro "El Circo-Teatro de Pontevedra (1900-1924). Historia de un olvido", del profesor Paulino Aparicio Moreno, publicado por la Fundación Universitaria Española dentro de su colección "Investigaciones Bibliográficas sobre Autores Españoles". La obra relata lo que supuso este centro cultural para la Pontevedra de principios del XX y detalla qué grandes compañías teatrales, artistas y producciones de cine se presentaron en esta sala.
Entre las maderas del Circo-Teatro los pontevedreses vieron por primera vez a grandes artistas de la época, como María Guerrero o Fernando Díaz de Mendoza, o asistieron al estreno de grandes producciones de Hollywood como "Quo Vadis" o "Los últimos días de Pompeya".
Aquel Circo-Teatro, instalado en el viejo Campo de la Feria, supuso durante veinticuatro años el "auténtico motor lúdico y cultural de la ciudad", como explica en su libro Paulino Aparicio.

El tranvía tenía horarios acordes con las sesiones
Al Circo-Teatro de Pontevedra acudían numerosos vecinos de las localidades limítrofes. No había televisión ni salas de cine, por lo que los espectáculos que programaba esta sala suponían el principal reclamo de ocio para los clases trabajadoras, tanto de la ciudad como de los alrededores. Su principal competencia, el teatro del Liceo, atraía sólo a público "burgués", como explica Paulino Aparicio.
Al Circo-Teatro llegaban los vecinos de Marín gracias al tranvía, que llegó a establecer horarios acordes con los pases de la sala. El tranvía traía al público y lo regresaba a su lugar de procedencia una vez finalizado el espectáculo del día. El auditorio de madera tenía bancadas circulares y unas 300 sillas en la pista central, que se retiraban para los cuadros circenses, ecuestres, o bailes.

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