S. R. - PONTEVEDRA
“Galicia es como cualquier país a pesar del éxito que está teniendo nuestro cine”, explica Mario Iglesias, “Dios repartió por igual dones y talentos y en todas partes hay posibilidades de hacer buen cine, buena pintura y de conseguir buenos fontaneros, lo que sucede es que no todos los países le dan a esto la importancia que deberían, a veces una buena política ayuda, aquí la Axencia Galega dio un empujón importante a la producción gallega cinematográfica y ahora vemos los efectos”.
—¿Nervioso por el estreno de “Relatos”? ¿Se habitúa uno al estrés?
—Con cierto estrés la verdad, al estrenar en Pontevedra se crea cierta expectativa. Cuando te dedicas a hacer películas y todo esto creas que no periódicamente tienes estas situaciones en las que te sientes exhibido, hay un momento ahí en el que no sabes qué va a pasar porque la película se termina de hacer en la cabeza del espectador, entonces no sabes lo que va a pasar, como en todo hay gente a la que le gusta mucho y otra a la que no, hay toda suerte de expresiones.
—Todo ello a pesar de que ya es el quinto largometraje
—El quinto, lo que pasa es que realmente es la primera vez que puedo estrenar en Pontevedra, algo que tendría que haber pasado antes y en ese sentido es una circunstancia especial.
—Lo que no ha sido nuevo es la experiencia de rodar en Pontevedra
—No, siempre que puedo ruedo aquí porque Pontevedra brinda unas posibilidades enormes y para qué desplazarse lejos si aquí tienes unas localizaciones naturales de primera linea. Un ejemplo es la plaza de A Ferrería, por activa y por pasiva la tengo retratada, también toda la zona vieja, y Monteporreiro, da para millones de historias.
—¿Cómo surgió el proyecto de “Relatos”?
—A mi me gusta mucho el formato de historia de historias, de hecho ya había hecho antes “De Bares” y me apetecía volver a repetirlo desde la óptica de una creadora literaria, una escritora en este caso. Y eso brinda la posibilidad de que en paralelo a la vida de ella se abordan diferentes tipos de historias que además de hablarnos de ella de alguna manera también abordan otros mundos, algo que me pareció una experiencia bonita.
—No se quejará de la acogida del filme en varios de los más prestigiosos festivales, hasta la acaban de situar entre las 5 mejores del año en España
—Si, la verdad es que tiene muy buena crítica y muy buena acogida, todo ayuda pero a estas alturas me doy cuenta de que nada garantiza el éxito de una película, por más que la premien en festivales o que tenga buenas críticas. A pesar de las buenas críticas uno está todo nervioso porque lo que importa sólo es lo que piense el espectador de a pie.
—Ha optado por un formato rápido, muy de cámara al hombro...
—Intento llevar la cámara a pie de calle, hay siempre unos movimientos de cámara de cine muy comercial, de gran industria, que ya son sinuosos, de grúa, como fantásticos, como diciéndote “te estoy contando una ficción” y a mi me gusta ese formato a pie de calle, de cámara en mano, diciéndote que lo que estoy contando es real y también me gusta hablar de personas que no son extraordinarias, son personas normales a las que les pasan cosas normales y esa cámara al hombro ayuda a esa sensación.
—¿Cómo es la experiencia de trabajar con una productora pontevedresa, equipo pontevedrés, rodar en la ciudad del Lérez y con un director de aquí, a miles de kilómetros de Hollywood?
—Es que hoy ya no hay centros, el centro del mundo está en todas partes y en el cine de una forma especial, porque aunque es cierto que los medios de comunicación lo que venden normalmente es el cine de Hollywood la realidad es que se hace cine en todo el mundo y Hollywood es apenas un 10% del cine que se hace. Hoy en día tecnológicamente todos los países tienen la posibilidad de tener su propia industria del cine y su propia mirada cinematográfica y cuando vas a los festivales internacionales compruebas que el cine que menos se ve es el de Hollywood, se ve el del resto del mundo porque al final todos estamos un poco cansados de esa mirada americana a la que estamos tan acostumbrados y de repente descubres una película kurda que te deja maravillado porque es una forma de contar historias y un tipo de gente que no conoces y que descubres que te interesa mucho más que la película del héroe de acción de la que ya estás un poco aburrido.
—Se verá otro cine en los festivales, pero ese cine sí que tiene monopolizada la exhibición en las salas
—Claro, ese es el problema, nosotros nos enfrentamos a una industria que está muy controlada y resulta muy difícil combatir contra eso.