C. GARCÍA - PONTEVEDRA
El juzgado de lo Penal 1 de Pontevedra condenó a cinco años de cárcel a un recluso del centro penitenciario de A Lama de nacionalidad mauritana que el 31 de agosto de 2007 atacó con un “pincho” de madera a un funcionario de la prisión, clavándoselo en dos ocasiones. El ataque le produjo heridas leves al funcionario pero le dejó graves secuelas psíquicas.
La sentencia del Penal 1 acaba de ser confirmada por la Sección Segunda de la Audiencia Provincial de Pontevedra en un fallo del pasado 13 de enero tras presentar un recurso de apelación el acusado que ha sido desestimado.
En esta sentencia se ratifican como hechos probados que ese día el funcionario se dirigía al economato del centro penitenciario cuando el acusado, portando en la mano un pincho de madera con la punta afilada, se abalanzó sobre el funcionario y le clavó el pincho en dos ocasiones, una en el pecho y otra en la zona de la espalda.
El tribunal considera que el acusado, quien en aquellos momentos se encontraba interno en el módulo 3 de centro penitenciario, es autor de un delito de atentado con instrumento peligroso y además de la pena de prisión deberá indemnizar al funcionario de prisiones con 25.750 euros por las secuelas que sufrió. El incidente le provocó un síndrome depresivo y estrés postraumático. Para su curación precisó de tratamiento psiquiátrico y apoyo psicológico tardando en curar de estas secuelas 511 días, durante los cuales tuvo que estar de baja y no pudo desarrollar su ocupación en la prisión.
Le dijo a la víctima que si tuviera mejor arma lo habría matado
Según el fallo del Penal 1 de Pontevedra, ratificado recientemente por la Audiencia Provincial, el acusado, después de abalanzarse sobre el funcionario y clavarle el arma de madera en dos ocasiones (una en el pecho y otra en la espalda) llegó a decirle a la víctima que “si hubiera tenido un pincho mejor lo hubiera matado”.
A consecuencia de los hechos, el funcionario sufrió lesiones consistentes en una herida incisa de poca profundidad y 0,5 centímetros de longitud y en una erosión de ocho centímetros de longitud en la cara anterior del hemitórax izquierdo, así como otra erosión puntiforme en el flanco izquierdo de aproximadamente un centímetro de profundidad, contusión en muñeca derecha y el síndrome depresivo ansioso y estrés postraumático. Al parecer, el móvil pudo ser un incidente que el acusado había tenido con el funcionario en cuestión a causa de una televisión.