REDACCIÓN / PONTEVEDRA
Voluntarios de la asociación Amigos do Camiño Portugués coordinarán la atención a los peregrinos que lleguen a la ciudad durante 2010, independientemente de que descansen o duerman en el albergue que gestionan directamente o en alguno de los otras dependencias que se habilitarán para ellos en Pontevedra, especialmente durante los meses de verano. Hay que tener en cuenta que el albergue oficial cuenta con 56 plazas, aunque se amplía la oferta permitiendo dormir en el vestíbulo de la entrada.
La sede de la Raíña da Paz, en Salcedo, vinculada a la Iglesia, acogerá caminantes en cualquier momento del año, siempre que sea preciso y se perfilan como albergues estivales varios colegios e instalaciones deportivas que están por concretar.
Representantes de la asociación y de distintas instituciones y entidades locales se reunirán el próximo 12 de enero para fijar los protocolos de actuación pero también para hablar de la puesta en marcha de iniciativas encaminadas a situar a Pontevedra como un lugar de referencia en el mapa de las rutas jacobeas, según explicaba ayer el presidente de Amigos do Camiño, Celestino Lores.
"El reto que tenemos todos es muy grande ya que además de los 15.000 caminantes que esperamos atender en este año, calculamos que hasta la ciudad llegarán entre 30.000 y 35.000 visitantes atraídos, de manera directa o indirecta, por la celebración del Año Santo y por la ruta a Santiago", añadía antes de recordar que el portugués es el segundo itinerario jacobeo más transitado después del francés.
Amigos do Camiño constata una evolución en el perfil del peregrino en los últimos años: ahora es un caminante más joven, que cubre las etapas en grupo y entre los que se incrementa paulatinamente el número de extranjeros.
"Entre las 7.200 personas que pernoctaron en nuestro albergue a lo largo de 2009 hubo muchos alemanes lo que les convirtió en el segundo colectivo de extranjeros más numeroso después del de portugueses" señala Lores, quien enumera que entre los peregrinos llegados al centro de Otero Pedrayo había ciudadanos de otros países europeos y también de puntos tan lejanos como Canadá, Estados Unidos, Japón o Corea.