REDACCIÓN - PONTEVEDRA
Ajenos al contencioso abierto entre el Ejército y los vecinos de Salcedo, Lourizán, Marín y Vilaboa por la titularidad de los terrenos que ocupa la base General Morillo, La Brigada de Infantería Ligera Brilat "Galicia" VII festejó ayer con la solemnidad habitual a su patrona: la Inmaculada Concepción.
El general José Antonio Alonso, recién incorporado al mando de la brigada, actuó por vez primera como anfitrión, presidiendo la parada militar que lleva el nombre de la patrona del Arma de Infantería.
Como es habitual, en el transcurso del acto castrense se impusieron condecoraciones militares y civiles nacionales y también extranjeras, en reconocimiento del trabajo realizado por la Brilat en el exterior. Hubo distinciones de la República Francesa, de la OTAN, del Ejército Italiano y del Ejército Europeo.
La Brilat tiene un amplio historial en misiones internacionales. Ha estado presente en repetidas ocasiones en los Balcanes, en Irak, Afganistán y Líbano. Precisamente a Afganistán regresarán a finales del próximo año, según informó el general Alonso Miranda el día que asumió formalmente el mando de la base "General Morillo". Este anuncio adelanta en unos meses la previsión inicial del Ministerio de Defensa que había asignado a la Brilat un año de "descanso activo", destinado a la formación y preparación militar, tras un año y medio en el que participaron en tres intervenciones en Líbano y Afganistán.
Soledad Ribadulla, vecina del lugar de O Casal, en Salcedo, denuncia que los soldados de la base General Morillo invaden a menudo su finca durante la práctica de ejercicios militares. "Todo o que teño plantado, leitugas, pementos... todo o destrozan pasando por riba, e cando lles chamo a atención aínda me ameazan e me mandan calar", explicaba esta vecina durante el transcurso de la protesta. Apunta además que después de toda una vida residiendo en la zona, nunca había visto una actitud "tan chulesca" por parte de los inquilinos del cuartel. "Nin nos tempos de Franco pasaba isto e iso que daquela tiñan máis poder, pero respectaban aos veciños; nunca antes andiveron os militares deste xeito, con armas e mandando calar á xente", explica Ribadulla. "Eu estou vivindo nun estado de sitio na miña propia casa, me pregunto se isto é unha democracia ou unha dictadura", protestaba esta vecina.