N. D. - PONTEVEDRA
La teniente de alcalde y concejala del casco viejo, Teresa Casal, ha establecido el presente mes de noviembre como fecha tope para la conclusión de las obras de reforma del Campillo de Santa María. Sin embargo, ese remate será incompleto, toda vez que el aspecto actual de la zona dista mucho de su conclusión definitiva y los notables restos arqueológicos localizados en ella carecen todavía de un plan específico de tratamiento. De hecho, la "inauguración" que prepara el concello en esa zona se limitará a dar por terminada la instalación del pavimento de piedra en la zona más próxima a los edificios y sus soportales, según admitió la propia Casal.
En la "ladera" hacia la calle Arzobispo Malvar está previsto plantar césped y crear algún sendero, pero su aspecto definitivo no se conocerá hasta que se decida cómo tratar los restos de la muralla o del palacio de los Montenegro, cuyas piedras están a la vista y desperdigadas por todo el Campillo.
De todos modos, Casal mantiene el mes de diciembre como fecha para rematar la primera fase de obra, y ha dado instrucciones a la empresa adjudicataria y a los técnicos municipales para agilizar al máximo los trabajos, tanto en la conclusión del pavimento, como en la mejora de espacios "mal acondicionados", según reconoce la propia concejala. En concreto, Casal ha hecho referencia a los laterales de la escalera principal de acceso a la basílica de Santa María, en los que se colocaron en su día unas columnas de iluminación del templo y que quedaron pavimentados con tierra, algo que Casal ha ordenado modificar.
Las obras de reforma del Campillo de Santa María comenzaron aproximadamente en octubre de 2008, hace poco más de un año, si bien en los meses anteriores (en el verano de 2007) ya se habían realizado excavaciones arqueológicas alrededor de la basílica que desvelaron la existencia de un cementerio.
Más adelante, al eliminar los árboles y los viejos rellenos del Campillo, salieron a la luz los restos de la muralla medieval y, sobre todo, los cimientos de la casa de Montenegro y otras edificaciones. Esta circunstancia obligó a echar por tierra el plan original de actuación en la zona, que aportaba por crear una pradera de césped en pendiente hacia la calle Arzobispo Malvar, con senderos de conexión.
Actualmente, la apuesta municipal es "poner en valor" esos restos y su conversión en un "museo" al aire libre del pasado medieval de la ciudad. Esta zona se incorporaría a una ruta arqueológica integrada por el futuro Museo da Historia da Cidade, aún en fase de proyecto en la plaza de Valentín García Escudero, y por el Centro de Interpretación de las Torres Arzobispales, bajo la avenida de Santa María, y que se encuentra en obras. Sin embargo, para el caso del Campillo, todavía se está a la espera de concretar el diseño concreto para la exhibición permanente de aquellos hallazgos.