N. D. - PONTEVEDRA
Comenzaron a plantarse el 2 de diciembre de 2008 y pocos días después formaban un pequeño “bosque” de 26 ejemplares en el entorno del Teatro Principal. Su objetivo era muy simbólico: recordar que en ese lugar se levantaba hasta el siglo XIX la iglesia de San Bartolomé el Viejo y en su atrio se emplazaba, como era habitual, un cementerio. Así se pudo constatar fehacientemente durante las excavaciones arqueológicas de la reforma urbana del entorno. Como “guinda” a esa reforma, se plantaron 26 cipreses, un árbol muy vinculado a las necrópolis y camposantos.
Debate
Sin embargo, este pequeño “bosque” se convirtió de inmediato en objeto de debate, argumento de discusiones y eje de quejas, por las molestias que ocasionaba al paso de los vehículos, aún tratándose de un espacio de preferencia peatonal, las dudas sobre su eficacia estética y la incertidumbre acerca de su supervivencia. La concejala responsable de su plantación, Teresa Casal, se mantuvo firme en su apuesta.
Con el paso de los meses, estas controversias pasaron a un segundo plano, pero del mismo modo que la polémica languidecía, lo mismo ocurría con los propios cipreses.
Actos vandálicos
Algunos fueron objeto de los gamberros y más de uno apareció tronzado y roto. Otros sufrían los embates de los camiones de reparto, que suelen utilizar la plaza ante el Teatro Principal como estacionamiento improvisado para abastecer a los bares de la zona.
Paulatinamente, los cipreses iban desapareciendo, sin ruido y casi de forma desapercibida, hasta el punto de que, a día de hoy, un año después de la plantación, sólo se mantienen en pie nueve de aquellos veintiseis cipreses iniciales, es decir, un tercio de todos los plantados en su día.
En realidad podría decirse que son diez, pero las obras de reforma de la calle Charino han obligado a retirar uno de los supervivientes.
Losas de piedra
Los 17 árboles desaparecidos ya no regresarán. Los alcorques abiertos en su día para ellos han sido cubiertos con losas de piedra.
Así, los que había frente a la puerta del Teatro desaparecieron por completo y algunos de los existentes ante sus taquillas, también.
Ahora quedan tan solo tres en la calle Alhóndiga, otros tres un poco más abajo, (de hecho, acaban de plantar ejemplares nuevos, ya que los anteriores agonizaban) y cuatro (si se repone el eliminado ahora por las obras) en el arranque de la calle Tetuán.
Honrar la memoria
La concejala socialista Teresa Casal asume que los diecisiete restantes ya no volverán a este menguante “bosque” de cipreses, pero también asegura que los supervivientes honrarán la memoria de los enterrados bajo la calle.