REDACCIÓN - PONTEVEDRA
El pasado año la multinacional Monsanto solicitó los permisos para plantar unos 4.000 metros de cereal transgénico en Arteixo. Se trata de una de las raras excepciones en Europa, ya que sólo ocho estados de la UE permiten estos cultivos y se estima que un 70% de los mismos se localiza en España.
Este tipo de ensayos ha provocado no poca polémica; los ecologistas denunciaron para empezar que se realizaban sin el consentimiento de los ayuntamientos y los sindicatos agrarios llegaron a hablar de "oscurantismo total" de la administración con respecto a un tema tan sensible.
No obstante, el Ministerio de Medio Ambiente defendió desde un principio la inocuidad de los ensayos. Las plantas modificadas han de estar situadas a al menos 200 metros de un cultivo de maiz tradicional y rodeadas de al menos cuatro lineas de otro cultivo que actúe como trampa para el polen, prevenciones que para muchos agricultores son "sencillamente inútiles, ya que el polen es capaz de desplazarse kilómetros".
A mayores está la polémica de los alimentos modificados genéticamente en las estanterías de los supermercados. Según los ecologistas, estamos literalmente inundados de estos alimentos y no existen pruebas concluyentes de su inocuidad.
Este doble eje: su posible utilidad (por ejemplo para paliar las hambrunas o evitar el uso excesivo de plaguicidas) frente a los potenciales riesgos para el medio ambiente o la salud, debía de ser el eje del debate que la Asociación pola Defensa da Ría había organizado para hoy. La convocatoria fue anulada última hora de ayer por la incapacidad de uno de los máximos especialistas en genética y responsable de una compañía biotecnológica, Daniel Ramón Vidal, de asistir. Con él estaba previsto que debatiese el especialista en economía ecológica y análisis de los indicadores de sostenibilidad Xavier Simón, emplazados a ambos a aclarar cuestiones como ¿debemos plantar transgénicos? ¿Qué productos los contienen? Y sobre todo, ¿es seguro que nos los comamos?