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S. R. - PONTEVEDRA En los años 70 la movilidad de un adulto y de un niño era casi pareja; a principios de esta década los expertos constatan el sedentarismo infantil y frente a él, la hipermovilidad de los adultos, que han de desplazarse al menos un 15% más si tienen un solo hijo para llevarlo al colegio, a consultas, deportes etc. Analizar estos factores y proponer a los padres y al conjunto de la ciudadanía un paso más (rutas por las que el niño puede caminar sin peligro y solo hasta el centro) fue el objetivo del encuentro que Pilar Monterrubio mantuvo con agentes de la Policía Local, padres de alumnos y vecinos.
—Entre un 15 y un 20% de los desplazamientos urbanos tienen como ocupante preferente un niño. ¿Un primer recado para los padres es que un coche no es un paraguas?
—Efectivamente, que los coches no son un paraguas y que hay que tener deseos de caminar la ciudad y vivirla caminando, porque está comprobado que en muchos casos se tarda sólo 7 minutos más caminando y en otros casos, especialmente cuando hay mucho tráfico, se tarda más en coche. Pero es que además se añaden otros factores del mundo de los adultos como “tengo mucha prisa”, “no me da tiempo”, y los padres no se plantean que no pueden robar el deseo y la necesidad de la infancia de moverse, porque hay una serie de problemas muy graves asociados: obesidad, problemas de autonomía, inseguridad e incluso aprendizaje, si hubiese un sindicato de la infancia probablemente la mayoría de los padres estaríamos denunciados: los tenemos en gimnasia, psicomotricidad para que controle su cuerpo o teatro para que socialice con otros. ¡Pero es que todo eso antes se hacía en el barrio!
—¿Hay que reivindicar la vuelta a la calle?
—Claro, la vuelta a esa idea de calle como escuela, de la ciudad como tribu que cuida de sus niños y que en la calle los educa y les transmite unos valores.
—¿Qué le parece el modelo de ciudad de Pontevedra?
—Estuvimos haciendo una visita con el concejal Demetrio Gómez, con el jefe de la Policía Local, viendo todas las intervenciones y observé que en Pontevedra ha habido una transformación que refleja la filosofía y la cultura urbanística que se hace desde hace mucho tiempo en Europa y que en España está comenzando, pero aquí observé que hay unas superficies humanizadas de ciudad muy importantes, está con ese nuevo urbanismo humanizante que transforma la ciudad y la convierte en un lugar de convivencia, un espacio más amable para todos. Hasta ahora las ciudades, y con este cambio en Pontevedra seguramente los ciudadanos lo percibieron, había un elemento que era poderoso, que eran los coches y por supuesto los que los conducimos, los conductores. Y con estas transformaciones lo que se hace es ser muy solidario con toda la población, tener en cuenta otros colectivos con más dificultades para moverse por la ciudad como la infancia, los ancianos o los discapacitados. Con eso lo que hacemos es una ciudad más para todos.
—Se reunió con directivos de colegios, asociaciones de padres, policías etc ¿qué mensaje les transmitió?
—Fue ver como esa transformación de la ciudad en estos diez últimos años puede servirnos además como un modelo educativo para adoptar hábitos de convivencia, de solidaridad, de autonomía, de pasear y disfrutar de Pontevedra. Todo ello se hace mediante procesos educativos con colectivos para que la ciudad sea vivida y disfrutada, en este caso el proyecto que desde Educación Vial está desarrollando el ayuntamiento lo que se quiere es dirigirlo a la población infantil y desde el Ministerio de Medio Ambiente nosotros asesoramos sobre como llevar a cabo estos programas. Y en ellos los niños tienen mucho que decir con la finalidad de que ellos puedan moverse libremente sin la ayuda de un adulto.
—Y con ese objetivo lo que se hace es diseñar rutas estancas, sin tráfico, por las que los niños puedan transitar desde distintos puntos de la ciudad hasta su colegio
—Si, las rutas o caminos escolares seguros tratan de eso, de marcar una serie de recorridos, detectar si en esos recorridos sigue existiendo algún punto negro o un punto conflictivo, algo que apenas sucede en el área en el que se quiere intervenir en Pontevedra, porque esas intervenciones ya están hechas, y a partir de toda esa información dar a los padres la plena seguridad de que sus hijos puedan ir al colegio caminando, a pie, con el apoyo de la propia ciudad, de los propios ciudadanos, y sin peligro. En algunos momentos de los tramos escolares posiblemente tengan que convivir con el vehículo, pero esas rutas se han adaptado de tal modo que esos vehículos no puedan plantear problemas.
—¿En el fondo lo único que pasa ahora en esta ciudad es un problema de confianza de los padres?
—En el caso de Pontevedra si, en otras ciudades esa desconfianza tiene motivos reales porque hay puntos negros, pero en la zona urbana en la que se ha intervenido en Pontevedra, que es una superficie muy amplia en comparación con otras ciudades, esos temores son sólo percepciones, no son reales. Entonces lo que hay que trabajar ahora es la confianza de los adultos, de los padres y de las madres para que confíen en que hay seguridad en esos caminos y ahora en vez de tener en cautividad a sus hijos deben permitirles vivir la ciudad como niños que son, que caminan con seguridad y tienen la aventura diaria de ir al colegio con sus compañeros, no siempre vigilados por un adulto.
—¿Cómo se diseñan estas rutas? ¿Qué modelo se utiliza como referencia?
—En Pontevedra ya está muy avanzado y en otras ciudades que lo han implantado hay muchos modelos diferentes, por ejemplo que dentro de esas rutas escolares hay voluntarios (en algunos casos abuelos y abuelas, en otros padres, o ciudadanos, comerciantes...) que sobre todo en el caso de los más pequeños, los de Educación Infantil, acompañan en algunos tramos a los niños. La Policía Local también está especialmente en algunos puntos para que los niños sientan seguridad y puedan acudir a ellos si necesitan algo, en otras ciudades los comerciantes tienen una pegatina a lo largo de la ruta, colaboran con el camino escolar y la seguridad de la infancia, y el niño sabe perfectamente que si en algún momento tiene un problema de algún tipo ese comerciante es un aliado y lo va a ayudar. Luego están otros modelos como el pedibus, que son ir caminando al cole pero siempre acompañados por adultos, pero creo que en algunos de los centros educativos de Pontevedra se puede tener suficiente autonomía como para no necesitar el acompañamiento adulto.
—Han realizado estudios sobre la respuesta infantil ¿qué les dicen los niños sobre cómo quieren ir al colegio?
—Lo que nos trasladan en un porcentaje aplastante es el deseo de los niños desde Primaria es ir al colegio caminando y sin un adulto. “Quiero ir caminando” nos dicen, “a veces me acompaña mi padre, mi madre, pero yo lo que quiero es ir con mis amigos” o te dicen “quiero ir con mi vecino” y eso lo hacen mayoritariamente. Además hay que insistir en que la calle es una escuela para aprender autonomía, reencontrarse con los iguales, para aprender a respetar a los diferentes, la calle es una escuela y por lo tanto permitamos que los niños aprendan de ella.
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