REDACCIÓN - PONTEVEDRA
Después de varios años de tramitaciones, las obras del futuro puente sobre el río Lérez en Monte Porreiro comienzan a tomar forma. La maquinaria pesaba ha comenzado a ocupar las orillas del río en las inmediaciones del acceso al barrio para acondicionar el terreno y afrontar la construcción, promovida por la Diputación, del tercer viaducto que se ha proyectado en los últimos tiempos en el tramo urbano del Lérez, junto con el de As Correntes (concello) y el del AVE (Fomento).
Esta actuación, adjudicada a la empresa Sercoysa por algo menos de cinco millones de euros, ha necesitado numerosos permisos, entre ellos superar la negativa inicial de la Dirección Xeral de Patrimonio por su cercanía al monasterio de Lérez. Hace meses obtuvo también la declaración de impacto ambiental y en septiembre la Diputación daba por cerrado este expediente para poder comenzar las obras. El proyecto, denominado "nuevo Acceso Oeste a Montecelo" consiste, según se detalla en la autorización ambiental, "en un conjunto formado por dos glorietas, junto con el puente sobre el Lérez, con una longitud de 175 metros, dividido en tres vanos. Las glorietas están conectadas por la carretera proyectada, que pasará a denominarse EP-0020, compuesta por un viario con un carril por sentido. La vía contará con un carril bici por la margen derecha del trazado, de 2,5 metros de ancho y que en esta primera fase cuenta con una longitud de 670 metros. Parte de la carretera PO-223 a la altura del centro de salud de Lérez y termina en la glorieta de la avenida de Buenos Aires en Monte Porreiro.". Con posterioridad se prolongará el vial hasta la rotonda situada al final de la avenida de Compostela.
En el plan original "se proyectaban accesos peatonales formados por aceras de dos metros de ancho a ambos lados, salvo en un tramo de unos 200 metros en la margen derecha, donde se interrumpe la acera".
Este mismo documento ambiental apuesta por la "eliminación de las numerosas especies vegetales invasoras presente y su sustitución por árboles autóctonos propias de los bosques fluviales de la zona". Uno de los apartados en los que se reclama mayor cuidado y atención es la relativa a la posible incidencia de los pilares sobre el entorno. Por ello, se optó por sujeciones en forma de "V" que eviten el lecho del río y las laderas laterales.