REDACCIÓN - PONTEVEDRA
El modelo "mediterráneo" de consumo de alcohol, basado en pocas cantidades de vino y la cerveza como acompañantes del contacto social diario, está en retroceso. Frente a él, cada vez cobra más fuerza una segunda pauta en la que la ingesta se concentra en pocos días (fundamentalmente los fines de semana), se basta en los destilados (con una mayor graduación) y no busca complementar la conversación sino generar una rápida borrachera.
Un buen ejemplo de este cambio es que las empresas dedicadas a la venta de alcohol, vino y cerveza declaran que en Pontevedra la demanda ha caído desde 2007 un 11,2%.
La Agencia Tributaria constata asimismo este cambio: la recaudación por los impuestos sobre alcohol y bebidas especiales pasó de suponer 908.000 euros en 2007 a 882.000 el pasado año, una caída de casi el 3%.
Pero si en algún capítulo se nota el descenso es en la cerveza: los ingresos en Pontevedra han pasado de 230.0000 euros a 42.000 el pasado año, lo que supone un desplome del 81,7%. Más allá del posible fraude o de los efectos de la crisis económica, los especialistas en adicciones señalan que "tanto la cerveza como el vino, cuyo consumo moderado se incluye dentro de una dieta saludable, están sufriendo un importante desplome en detrimento de los destilados".
Éstos son, según las mismas fuentes, la opción mayoritaria de los jóvenes, "como demuestra que las bebidas que más se solicitan para el botellón son las de mayor contenido alcohólico, como whisky, vodka etc".
Este cambio también se percibe en las consultas que recibe la Unidad de Atención a Drogodependientes (UAD) de Pontevedra, que en los últimos meses ha reducido casi a mitad las consultas por alcoholismo.
El descenso en las consultas no significa necesariamente un dato positivo. Muy al contrario, los expertos temen que "cada vez más, se asocie el ocio no a la interacción social sino al consumo de drogas, en este caso de alcohol que permite mayor desinhibición y la ruptura de las pautas de conducta".
Más aún, la UAD constató en su último informe que "cada vez existe una relación más estrecha entre el ocio y el consumo de varias drogas, por ejemplo alcohol y cannabis o alcohol y cocaína" y varios estudios vinculan el botellón no sólo a la ingesta de alcohol sino al consumo simultáneo de otras drogas o las mezclas de distintos destilados en una misma copa, lo que multiplica los efectos nocivos de la bebida.
Por el contrario, cada vez más la cerveza y el vino se asocian a franjas de edad situadas alrededor de los 40 o 50 años, cuya pauta cultural sigue siendo la de un consumo regular de una o dos copas como acompañamiento del encuentro diario con amigos.