REDACCIÓN - PONTEVEDRA
Es Difuntos una jornada agridulce: de nostalgia por los que ya han fallecido pero también de encuentro familiar y de celebración de la vida en las numerosas fiestas y magostos que se celebran durante el fin de semana. De hecho, en estas fechas se multiplica la venta de buñuelos y huesitos de santo, los postres más tradicionales en las mesas pontevedresas en estas fechas y que hacen las delicias de los más pequeños de la casa.
La fuerte lluvia de la mañana desanimó a muchas familias y de hecho fue en las horas de la tarde cuando más vecinos acudieron a los cementerios a depositar flores y a participar en los oficios religiosos que se celebraron en distintos camposantos del municipio.
Éstos amanecieron ayer tras el zafarrancho de limpieza que realizaron las familias durante los últimos días, unos trabajos en los que también participó la brigada municipal de Jardines. Esta unidad realizó trabajos de reposición de plantas, podado de setos y arreglo de jardines, así como adecentamiento de los accesos en aquellos cementerios del rural en los que los arcenes no habían sido mejorados en los últimos meses.
A su vez, el servicio de recogida de basuras se reforzó y se instaló un mayor número de contenedores en las inmediaciones de los cementerios a fin de facilitar el depósito de materiales tras las limpiezas de nichos y panteones.
La mayoría de las tumbas presentaba ayer un aspecto inmaculado y en ellas no faltaban flores o centros en memoria de los fallecidos. De hecho, ni siquiera el mal tiempo del fin de semana evitó las habitualmente elevadas ventas en el mercadillo de flores de A Ferrería, que aunque constata una reducción de la demanda de aproximadamente un 10%, sigue suponiendo entre un 25 y un 40% de las ventas totales de los floricultores durante el año.
Tras estos trabajos las familias se reunieron ayer en numerosos almuerzos en los que el recuerdo fue el gran protagonista, sumado a la alegría de los niños. Durante la mañana y a pesar del mal tiempo no pocos abuelos acompañaron a sus nietos hasta las confiterías para adquirir los huesitos y otros dulces para la sobremesa.
Los más pequeños también fueron los protagonistas de otras actividades celebradas en distintos puntos del municipio durante el fin de semana de Difuntos, magostos y talleres en los que los niños pudieron aprender a decorar calabazas que posteriormente llevaron a sus casas.
También los colegios de la comarca celebraron en los últimos días numerosos concursos de decoración de calabazas y de disfraces con motivo del Samaín. Asimismo, los escolares elaboraron numerosos trabajos sobre esta tradición celta y en general sobre la temporada de otoño, los frutos de temporada como la castaña etc.
Por su parte, los jóvenes disfrutaron durante el fin de semana (muy especialmente en la noche del sábado) de las fiestas organizadas con motivo del Samaín, la fiesta de la tradición celta que conmemora el final de la temporada de cosechas y que en los siglos anteriores a la cristiandad se asociaba a un puente entre la vida y la muerte.
Los disfraces y los maquillajes intensos fueron los complementos de estas largas noches de fiesta del fin de semana de los jóvenes, cuya alegría contribuye, como la de los niños, a aliviar el dolor de sus familias por el recuerdo de los que los que ya no están, aunque sigan vivos en la memoria.