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Solidaridad

Dos pontevedreses en Mongolia

El equipo Scratch Galicia recorre 13.000 kilómetros para entregar mercancía a la población de Ulan Bator

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Llegada a Ulan Bator tras 32 días de viaje en coche.
Llegada a Ulan Bator tras 32 días de viaje en coche.  Noé Parga

Desde la ciudad del Lérez hasta Mongolia en dos seiscientos, este es el reto que los pontevedreses Chus Álvarez y Noé Parga se propusieron y lograron cumplir el pasado 18 de agosto, fecha en la que el equipo de Scratch Galicia llegó a la capital de Mongolia dejando 13.000 kilómetros de carreteras y caminos a sus espaldas. Para lograrlo viajaron a lo largo de ocho países diferentes y atravesaron zonas tan inhóspitas como el desierto del Gobi hasta llegar a la Fundación Village Cristina Nouble donde cedieron los dos coches y materiales de primera necesidad a la población.

REDACCIÓN - PONTEVEDRA Cuatro personas, dos Fiat Seisciento y 13.000 kilómetros de carretera desde Pontevedra hasta Ulan Bator. El reto, cruzar un tercio de la superficie terrestre en una arriesgada travesía que los pontevedreses Chus Álvarez y Noé Parga han superado en compañía de otros dos aficionados al rally, Fátima Armenteiros y Edgar Vigo de Ferrol.
Los cuatro conformaron el equipo de Scratch Galicia, el único gallego que ha participado en esta edición del Mongoll Rally también conocido como el “Dakar de los pobres”, con un único objetivo en mente, entregar la carga de ayuda humanitaria y los dos coches a su llegada en la Village Cristina Nouble Foundation de Mongolia.
El pasado martes volvieron de su aventura tras 32 días de travesía, a su espalda quedaron los 13.000 kilómetros y muchas noches de acampada en la estepa asiática. Pero sobre todo se traen consigo una mochila cargada de experiencias.
Los cuatro jóvenes participaron así en la sexta edición del Mongoll Rally, una travesía solidaria que no deja de ganar adeptos desde que zarpó con su primera edición de 2004 y tan solo seis equipos participantes. En esta ocasión el equipo gallego contó con 400 compañeros de viaje pertenecientes a diferentes nacionalidades y edades, desde un chico que se acababa de sacarse el carné de coche hasta un señor que ronda los 70 años. No se trata de una carrera de velocidad, si no de solidaridad y aventura explica el equipo.
Las bases para poder concursar son recorrer tres cuartas partes de la superficie terrestre en un coche que no superen los 1.200 centímetros cúbicos y que tenga menos de 10 años puesto que serán donados en la meta, a demás cada equipo debe recaudar 1.000 libras esterlinas que posteriormente la organización subasta para destinar el dinero a las ONGs de la zona.

13.000 kilómetros

El pasado16 de julio solo se escuchaba un comentario “Estáis locos”, les decían sus familiares y amigos, Era el día en que la cuadrilla partió desde la ciudad del Lérez hacia su destino final, Mongolia. El único miedo era el de no llegar.
La ruta de 13.000 km atravesó España, Francia, República Checa, Ucrania, Kazajstán, Uzbekistán, Rusia y el desierto del Gobi hasta su capital Ulan Bator.
“No sin problemas, pero aquí estamos”, rezaba el blog de los pontevedreses, era 18 de agosto, lo habían logrado tras haber superado múltiples dificultades como las obsoletas carreteras de los países del Este todavía peores en Asia, gastroenteritis, chantajes en las fronteras y el cansancio acumulado de 32 días de viaje en el que durmieron en el coche en numerosas ocasiones.
Pese a las dificultades la aventura tiene su recompensa, hacer felices a muchos niños en Mongolia y como explica Chus “saber que hay otros mundos, salir de aquí y ver que hay otras prioridades, otras ideas y otra forma de vida”.
Lo mejor del viaje fue la gente a la que conocieron, “su hospitalidad, como no tienen nada que perder y viven en una situación de casi miseria saben que no les vas a robar y entonces son más hospitalarios, es otra cultura muy diferente” afirma Chús, quien tuvo que negociar al llegar a Mongolia con una familia muy humilde que vivía en una pequeña casa de adobe, “les decía que quería pagarles pero no querían”. La familia que vive en una casa de una sola habitación con sus cuatro hijos les cedió su casa para que durmieran y les ofreció comida.
El momento de mayores dificultades fue en Ucrania, donde no les dejaban entrar a Rusia por un fallo en los papeles del coche, “Tuvimos que irnos a Polonia y los compañeros de Scratch Galicia Norte, Fátima y Edgar, viajaron hasta Kiev para corregir los papeles”, perdieron dos días de viaje, justamente los dos días de retraso con los que llegaron a Ulan Bator.
Agotados por el viaje el día 11 de agosto, como cada noche, el equipo montó las tiendas en la estepa rusa, donde a las 21 horas te rodea la oscuridad total, cuál sería su sorpresa cuando al despertar se encontraron de frente con la aduana de Mongolia, el destino esperado.
Sin embargo, el tramo hasta Ulan Bator era el más duro, con carreteras que no son más que anchos caminos de arena desértica hasta tal punto que “cada vehículo va por donde le parece que la carretera está mejor”, afirma Noé mientras muestra la fotografía de dos modernos camiones por un amplio terraplén de tierra sin señalización alguna.
Los últimos seis días fueron los peores. El cansancio acumulado y la gastroenteritis que había afectado al grupo hizo mella en Edgar, quien llevaba 15 días sin comer y a base de suero. Fue el único momento en el que hubo alguna duda explica Chus, “Estábamos muy preocupados por él, el pobre estaba amarillo”. Finalmente, el 18 de agosto el equipo atravesaba la entrada a la ciudad prometida.
Allí los recibieron los miembros de la Village Cristina Nouble Foundation de Mongolia con un homenaje en agradecimiento por el avituallamiento con el que cargaron desde Pontevedra gracias a las colaboraciones Alain Afflelou, la Diputación, Droguería Moderna, Gadis, Dolce Vita o Materiales Tino.
Entre las diferentes donaciones que el equipo logró reunir y trasladar hasta el país budista se encuentran piezas de recambio para coches, material escolar, gafas, comida, medicamentos, campin gas, etc. Fue entregado a la organización para su posterior reparto, así como una cuantía de 1.000 libras esterlinas y los coches.
Más que una ruta, los cuatro han realizado un camino de superación. Un enorme esfuerzo físico y mental que les llevó a continuar este largo camino hasta los niños de Ulan Bator, así como a la gente que conocieron por el camino y a la que pudieron ayudar, si bien aprendieron también que quien menos tiene es el que más puede ofrecer.
Como hubiera dicho Buda da aunque no tengas más que muy poco que dar.

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